BIENVENIDOS A LA MALETA DE PILI:

Una maleta cargada de ilusiones, aventuras, anécdotas, sorpresas, recuerdos y mucho más…







martes, 21 de noviembre de 2017

Nuestro vuelo a Japón


Vuelo a Japón



El día 9 de octubre empezó nuestra aventura, para conocer el país del Sol naciente. Con bastantes meses de antelación, cuando ya sabíamos que nuestras vacaciones estaban aprobadas y nos podíamos lanzar de cabeza a mirar vuelos, comenzamos a mirar diferentes vuelos hacia Tokio.  Primero hicimos una búsqueda a través de Skyscanner, un buscador de vuelos, que no solamente te ofrece los mejores precios, sino que también dispone la posibilidad de ofrecer fechas similares, como un día antes o después del que has puesto, así, sobre todo, si estás de vacaciones, puedes elegir un día u otro según el precio y horario que más te convenga. Este buscador te lleva a la página del vuelo que más te interesa. En nuestro caso nos llevó a Edreams y ahí podíamos elegir el horario exacto y las escalas.  Además, hay que tener en cuenta que para hacer búsquedas en Skyscanner es conveniente ir borrando el historial de búsqueda, para que te haga una nueva desde cero, sin que sepa qué destino y días estás buscando. Si el servidor sabe que estás interesado en realizar ese viaje en cuestión, los vuelos, por muy baratos que los hayas visto, cambiarán de precio de un día para otro, incluso en cuestión de horas.
 El vuelo escogido salía el 9 de octubre, lunes, desde Barcelona, El Prat hasta Tokio con una escala en Moscú. No entendíamos el porqué de que algunos vuelos con muchas más horas y más escalas eran más caros, que el que cogimos con una escala. Seguimos sin entenderlo, ¿Quién iba a querer pasarse todo el día volando, hacer miles de escalas, pagar más, para llegar al mismo destino? No sé quién puede desear ese tipo de aventuras aéreas, pero, lo que sí que sabemos es que ya teníamos vuelo para volar a Japón. Eran más de 16 horas, pero, al fin y al cabo no eran seguidas. Y ya se sabe que la distancia que hay entre Barcelona y Tokio no es que sea corta, exactamente es de 10432 km yendo en línea recta. Desconozco si los aviones van en línea recta o no, pero sé que pasa por turbulencias, por nubes y por muchos países.

Nuestro vuelo salía a las 12:15 horas del mediodía. Sin embargo, entre los nervios de un largo viaje y la emoción. Nos plantamos en el aeropuerto a las 8:30 sabiendo que, al menos hasta las 10 horas no podríamos facturar las maletas, pero, al menos, por lo que pudiera pasar, ante cualquier contratiempo, ya estábamos en el lugar desde donde saldría el avión.
 Suerte que fuimos con tiempo, porque enseguida localizamos la ventanilla de nuestra compañía aérea, que en este caso fue: Aeroflot. Realmente nunca había escuchado hablar de esta compañía, pero mirando por Internet descubrimos que existía y que es una compañía aérea rusa. Cuando localizamos el lugar donde facturar, vimos que sin que hubieran abierto, había bastante cola. Así que, nos pusimos enseguida detrás de japoneses que regresarían a sus hogares. Sí, en la cola la mayoría eran asiáticos, al menso por lo que me comentó Carlos los rasgos los tenían. Detrás nuestro y con el paso de los minutos empezaron a llegar más españoles, se nos nota enseguida con el escándalo y nuestro tono de voz, nada que ver con el de ellos, que si a mí no me dicen que hay gente, me creo que no hay nadie por lo silenciosos que estaban todos, y eso que eran bastantes, pero no irían juntos . La fila india parecía que no se movía, pero no podía hacerlo, porque las ventanillas seguían cerradas a cal y canto. Nosotros con nuestras maletas, las mochilas, chaquetas, almohada para el cuello, ilusión y nervios a raudales, estábamos de pie, impacientes a que llegase el personal de la compañía para que la conga empezase a moverse.  

Carlos aguantando el tipo con las maletas en la cola para facturar


Yo, Pili, con las maletas haciendo cola para facrurarMás de media hora después empezó a moverse la gente. El personal parecía que se ponía en marcha. Sin embargo, como siempre, primero facturaban quiénes eran preferentes. Nosotros no lo éramos, no íbamos en primera clase. Paciencia también viajaba con nosotros, y después de esperar y esperar, llegó nuestro turno. No tuvimos exceso de equipaje, ya que se podía facturar hasta 20 kg. por maleta. Facturamos dos, una cada uno. Nos dieron las tarjetas de embarque, los billetes, tanto para Moscú, como otro para Moscú-Tokio. Pregunté si en Moscú teníamos que recoger las maletas, me dijeron que no, que no me preocupase que las maletas ya iban directa a Japón. Imagino que haciendo el mismo recorrido que yo, y al ser los dos vuelos de la misma compañía, ya se encargaban ellos. Así que fuera preocupaciones. 

Sin maletas y con menos peso, nos fuimos a pasar el control de seguridad. Más colas. Pasados todos los controles, nos dedicamos a buscar nuestra puerta de embarque, una vez localizada, ya pudimos ir a desayunar. Aunque realmente, entre hacer colas, para facturar, para los controles y para todo, el tiempo había pasado sin haber hecho nada. Desayunamos algo, más bien, me puse las botas, pero es que con los nervios me da por comer, y me comí de buena mañana una hamburguesa. Y con la digestión sin hacer nos fuimos a nuestra puerta de embarque, otra vez la gente impaciente ya estaba ordenadamente haciendo cola, sin que hubieran abierto, sin que hubiera nadie del personal, solamente los impacientes. Pero, como veíamos que la cantidad de gente cada vez era más amplia, optamos por hacer el tonto y esperar como todos ellos a que abriesen la veda para poder entrar al avión. Esperamos, esperamos y esperamos, pero nos notificaron que salía con retraso.    

Cola kilométrica para subir al avión


 Finalmente dentro vimos que, a pesar de haber podido elegir y que Carlos tuviera su preciada ventana, no nos tocó ir solos. Los asientos eran de tres. Al lado nos tocó un hombre que yo creo que era ruso, sinceramente no lo sé, porque mucha conversación no nos dio, ya que creo que se pasó todo el vuelo durmiendo. Hay gente que tiene mucha facilidad para quedarse dormida en cualquier parte, y entre esa gente me incluyo. Carlos me decía que ese señor y yo le dábamos envidia, porque él intentó dormir en varias ocasiones y no lo logró.  

Pili en el avión sonriendo con: antifaz y almohada


De Barcelona a Moscú fueron sobre cinco horas.  Después se supone que entre vuelo y vuelo teníamos más de una hora y media, para dedicarnos a esperar a que saliera el vuelo a Japón.  


Segundo vuelo: Corriendo por los pasillos de un aeropuerto desconocido

Sin embargo, como nuestro vuelo de Barcelona salió con retraso, no tuvimos que esperar en el transbordo de avión. De hecho tuvimos que correr, más bien volar, por un aeropuerto desconocido hacia nuestra puerta de embarque. Suerte que íbamos sin maletas, que las maletas ya las llevarían ellos. A nosotros en ese momento el equipaje era lo que menos nos preocupaba, lo que no queríamos era perder el vuelo. Después de haber estado 5 horas sin movernos, con sueño, perdidos y nerviosos: tuvimos que correr muchísimos. Hasta que nos pararon, para pasar un control de seguridad, así que empezamos a poner todo en bandejas, enseñamos el pasaporte y los billetes, y si ya estábamos preocupados, el grito de una rusa diciendo en inglés que el avión estaba a punto de salir, nos incitó a dar unas zancadas como nunca. Yo iba agarrada a Carlos y no recuerdo casi nada de ese transcurso, fue muy rápido, y recuerdo giros bruscos, esquivar a gente, rozarme con ellos y seguir corriendo. Al contrario que nos había sucedido en Barcelona, no tuvimos que hacer nada de cola para entrar en el avión. Llegamos por pelos, de los últimos, pero entramos. 

El vuelo: Moscú-Tokio 

Nuestros asientos, no estaban ubicados en la ventana. Siguiendo los consejos de la chica que nos dio los billetes en Barcelona, elegimos pasillo, en primera fila, para tener más espacio y poder estirar los pies. Sin embargo los asientos eran de cuatro personas, ningún problema, éramos dos, pero al poco de llegar nos dijeron en inglés de cambiarnos, pero entre desubicados y sin saber el porqué, creo que ni respondimos, debieron pensar que no sabíamos inglés. Así que se lo dijeron a la chica de al lado, que se fue hacia un lado, hacia una ventana. Con ese cambio aquella chica salió ganando, ventana y tranquila, sin nadie al lado, o sí, la perdimos de vista. Pero, a nosotros nos tocó una pareja con un bebé. La criatura ya vino llorando, inquieto, así que nos arrepentimos enseguida de no habernos cambiado.

Entre tanto ajetreo de quedarnos sin un respiro, para poder volar, sentarnos y ver que no eran tan buena idea esos asientos de cuatro personas, en medio del avión, y con un bebé al lado. Se supone que en ese vuelo sí que teníamos que dormir sí o sí, ya que no era un vuelo de cinco horas, si no de 9 horas y algo, y llegábamos a Japón de buena mañana, así que teníamos así que teníamos que descansar y recargar las pilas, para que no nos afectase tanto el jet lag.  

¿Quién puede dormir con un avión que no apaga luces, hace ruido a todas horas, no paran de cebarte y con un bebé al lado? Pues, una vez más, me llevo la medalla a la más dormilona, no sé cómo me lo hago, pero tengo esa facilidad. No dormí, ni mucho menos, las nueve horas, porque nos daban el desayuno, la cena o la comida, pero no paraban de darnos comidas. Además, teníamos una pantalla para ver películas , series y ver por dónde iba el avión, en ningún momento la utilicé, porque una vez más, el hecho de estar en primera fila y tener que sacar un brazo articulado, para poder ver la pantalla no era tan buena idea, como el resto de pasajeros que tenían la pantalla en el asiento delantero.

Cabe decir, en defensa del pobre bebé, que no estuvo llorando todo el viaje, hubiera sido cantante de ópera, pero al principio sí, que lo hizo. Además, parecía que lo hiciera aposta, justo cuando estabas cogiendo el sueño, cuando la cabeza se estaba cayendo, él daba un respingo y hacia que el llanto nos despertase.   

Dejando esa anécdota a un lado, ya que la pobre criatura no tiene la culpa, y creo que en todos los vuelos siempre hay una. Creemos que elegimos mal, que deberíamos haber escogido ventana, porque además esos asientos no eran de tres, ni de cuatro, eran de dos personas, y hubiéremos estado más cómodos, siendo dos, para eso hay confianza. Lo bueno de nuestros asientos, algo bueno tenía que tener estar ahí, era que podíamos estirar los pies, levantarnos, ir al lavabo sin tener que molestar a nadie, y pocas más ventajas.  

Media hora antes de bajar, o un poco antes, nos trajeron un papel pequeñito que teníamos que rellenar, al estilo de cuando viajas a los Estados Unidos, en el que tenías que  escribir tus datos: nombre, apellidos, días que ibas a estar, dónde te vas a alojar, etc. Entre dormitar, comer y morirnos de ganas por llegar, llegó el momento de aterrizar. Teníamos muchas ganas de entrar en el país, caminar y estirar las piernas, aunque después de casi nueve horas  sin casi moverlas, se nos hacía muy raro, era como que pesaban más de la cuenta. Una vez bajamos tuvimos que, después de atravesar pasillos y pasillos, largos y silenciosos,  pasar con el control de llegadas. Había mucha cola y ahí tenías que presentar el papel rellenado con la información. Además, si no recuerdo mal, aparte de revisar los pasaportes, te hacían una foto. Una vez pasado el trance de  toda la documentación, y cuando parecía que ya nos habíamos librado  de todas las esperas, llegó el momento de las maletas.  

Welcome to Japan. Cartel de bienvenida en el aeropuerto de Narita, Japón


¿Y nuestras maletas? 

Llegamos a la cinta de las maletas, ya no quedaba casi nadie. Casi todos los que viajaban con nosotros o nos habían adelantado en las colas de control de entrada, o bien, eran japoneses y no tenían que hacer cola en inmigración. Por tanto, estábamos ahí esperando a que salieran las maletas, las nuestras, porque la cinta hacía un rato que seguía moviéndose, pero casi sin equipaje encima. Al cabo, de un rato, Carlos se percató que había un cartel con nuestros nombres e indicaba adónde dirigirnos. Un señor, que no sé de donde sería, pero que tenía un inglés perfecto, nos ayudó. Él era de la compañía y nos comunicó que nuestras  maletas no estaban, no habían llegado a Japón, se habían quedado en Moscú. Claro, entre tantas prisas para hacer el transbordo de avión, pues al equipaje de muchos de nosotros, quiénes hacíamos la misma ruta con la misma compañía, nos encontrábamos en la misma situación.
Este señor de AeroFlot nos hizo rellenar varios papeles, para que constase que éramos los propietarios de las maletas. Nos explicó que llegarían al día siguiente, así que teníamos que proceder a dejar por escrito la dirección del hotel, ya que se encargarían de llevarlas directamente allí. Estábamos tan cansado y anonadados, que ni estábamos enfadados. No teníamos equipaje, pero teníamos nuestras mochilas, mucha ilusión y no estaba pérdidas del todo, al día siguiente estarían con nosotros y ahora no íbamos cargados. Le tuvimos que describir cómo éramos las maletas, así que aprovechamos para enseñarle alguna de las fotos que habíamos hecho en el aeropuerto de Barcelona, para que lo viera por él mismo. La cosa quedó así y nos acompañó al último control antes de salir del aeropuerto.

En el aeropuerto de Tokio: Narita

No sé realmente a qué hora japonesa llegamos a Japón, creo que serían las 10:30 pero entre tantas esperas, burocracias e incidentes de última hora, ya se había pasado más de una hora en el país nipón y no habíamos pisado la calle. 

Aún quedaban cosas por hacer en el aeropuerto, y una de ellas era cambiar el dinero en efectivo que llevábamos preparado para cambiar. Hicimos cambio de euros a yenes. Nos habíamos informado y nos habían comentado que en el aeropuerto de Japón era en el que mejor cambio ofrecía. Siempre va bien llevar algo de dinero en efectivo, porque, al contrario de lo que se puede pensar de un país tan avanzado tecnológicamente como Japón, en muchos sitios no aceptan tarjetas de crédito y prefieren que les pagues en cash. 

Por supuesto, después de tener el dinero, fuimos a un punto de información para obtener uno de esos mapas de la ciudad de Tokio que nos gusta siempre tener, aunque después siempre acabes utilizando el móvil y sus aplicaciones. Además, ahora que no me oye, pero Carlos siempre acaba doblándolos mal, con lo consiguiente: acaban rompiéndose, de tanto abrirlos y cerrarlos. Así que hay que coger más de uno, por si las moscas.

Y si algo surrealista puede pasar en algún sitio, Japón  se lleva la guinda. Entre que íbamos a buscar el mapa y no,  nos pararon unos japoneses con cámaras, querían saber el porqué de elegir Japón como destino. Era un japonés con un micrófono de alcachofa, que te preguntaba, al estilo reportero indiscreto , un cámara y una intérprete que nos iba traduciendo las preguntas en inglés. Estábamos entre sorprendidos y con algo de vergüenza, pero con algo de risa también, porque era algo insólito. Esas preguntas eran para un programa de televisión japonés que se llama “Why did you come to Japan?” de eso nos enteramos días más tardes, gracias a un amigo japonés, pero en ese momento no sabíamos ni qué era. Sobre todo creo que nos pararon, primero por nuestras pintas de turistas y por una camiseta que llevaba Carlos de un anime muy famoso en Japón, Drago Ball. He intentado conseguir el vídeo que nos hicieron, pero de momento no ha habido manera de que me envíen ningún link. Si algún día lo consigo, lo colgaré en esta entrada, ya que sirve de recuerdo para nuestras memorias a la llegada a Japón.

Carlos con camiseta de Dragon Ball, letra japonesa que significa tortuga



Después de ese paréntesis que nos sacó de nuestro letargo, tuvimos que buscar una oficina de Japan Rail Pass para activar nuestros billetes comprados desde España. Con esos billetes teníamos oportunidad de desplazarnos en transporte ferroviario sin necesidad de estar comprando billetes, ya los teníamos, ya los habíamos pagado en Barcelona. Ahora solamente faltaba activarlos. Y, no me lo podía creer, otra vez tuvimos que esperar a ser atendidos. Una vez nos atendieron, nos dieron todo tipo de información, nos activaron el pase y nos dieron un mapa de los trenes que sí que podíamos utilizar, incluidas algunas líneas de metro.

Ahora, por fin, era el momento de dejar el aeropuerto. Así que, siguiendo las indicaciones que nos habían dado en las oficinas del Japan Rail Pass nos fuimos a buscar el Narita Express, un tren que nos dejaría en Tokio, en una parada relativamente cerca de nuestro hotel.


Y así, sin darnos cuenta, volando,  ya estábamos en Tokio. Ya estábamos a día 10 de octubre. El día 9 nos lo habíamos pasado volando. Ahora faltaba empezar la aventura de pisar sus calles.     

Y para poner banda sonora a este vuelo e ir anbiéntandonos con Japón, os dejo con la versión original, japonés, de un anime que seguro que conocéis: Dragon Ball Z. 


Vlog: Nuestro viaje a Japón 2017 


jueves, 16 de noviembre de 2017

Refranes y Dichos Populares IV: La curiosidad mató al gato


20 Expresiones con la palabra GATO

Huellas y gato simpático

 

Este año 2017 aún no me había estrenado con ninguna entrada sobre Dichos populares, expresiones o refranes, como las que realicé el año pasado:

Y, hoy, sin venir a cuento, he recordado un par o cuatro de expresiones populares que utilizan la palabra gato, y utilizamos en nuestro uso diario. ¿Por qué me ha venido a la cabeza el animal gato y no el de otro animal? Pues, lo cierto, es que no lo sé, pero de refranes, dichos populares y expresiones tenemos hasta la saciedad, así que he preferido centrarme en el animal felino y dejar a los otros animales que tenemos en el repertorio para próximas entradas. Así que vamos a ello, a ver cuál de estas expresiones has escuchado con más frecuencia, cuáles has utilizado y cuáles no te suenan de nada. Por supuesto, si sabéis más expresiones, refranes, frases o dichos populares que contengan la palabra gato, espero vuestras aportaciones. 

REFRANES Y DICHOS POPULARES CON LA PALABRA GATO 

Gatito


   1-     Aquí hay gato encerrado: Utilizamos esta expresión con frecuencia, cuando sabemos que nos están escondiendo algo, que hay más de lo que nos quieren hacer entender.  Sin embargo, para entender esta expresión veremos una de las acepciones que aparece en el significado de gato en el Diccionario de la Real Academia Española. Gato: 7. m. Bolso o talego en que se guardaba el dinero.  
Gracias a este significado, sabemos que gato es un bolso o monedero, donde guardar dinero u objetos preciados.
Origen:  Actualmente ese significado de bolso como gato no se suele utilizar, pero en épocas pasadas, sobre todo si nos remontamos al Siglo de Oro sí que se utilizaba como tal. Así que era frecuente que ladrones utilizasen la expresión cuando entraban en una casa a robar para indicar que había dinero, diciendo:
¡Aquí hay gato encerrado” tanto para referirse al bolso, monedero o dinero en sí.

     2-     Dar gato por liebre:  En muchas ocasiones habremos escuchado,
Dar gato por liebre
o incluso utilizado la expresión “Dar gato por liebre” cuando nos hemos sentido estafados y nos han engañado de forma deliberada.  El origen de esta frase se remonta a épocas pasadas, cuando las posadas tenían fama de no ofrecer a la clientela una carne como: conejo, cordero o ternera, por la que se supone que estaban pagando y en cambio les daban gato.  Recuerdo que mi abuelo me contaba que durante la Guerra Civil Española se pasaba mucho hambre, y que una vez sus amigos le engañaron: ofreciéndole un trozo de carne que acababan de cocinar, él enseguida se lo metió en la boca, y entonces todos empezaron a maullar, y se dio cuenta de la artimaña, pero al menos le sació un poco el apetito.    



     3-      De noche todos los gatos son pardos: Esta frase se utiliza cuando no sabemos distinguir con claridad a alguien o alguna cosa. Cuando utilizamos la palabra: “pardo” que significa marrón, que no es ni negro, ni blanco, no se puede diferenciar. En esta ocasión se decía que sobre todo en la ciudad de Madrid, cuando todavía no era gran urbe y sí una aldea sin una iluminación como la de hoy día, cuando llegaba la noche y todo se volvía oscuro, se decía que por la noche todos los gatos son pardos, ya que a los ciudadanos de Madrid se les denominaba gatos y al no haber luz, no había manera de distinguir entre un vecino u otro, todos eran iguales, sombras a la luz de la noche.   
Gatos negros por la noche


     4-     Llevarse el gato al agua: Se dice que quien consigue llevarse el gato al agua es porque consigue una hazaña difícil que persiguen muchos. El origen de este dicho es incierto, pero según Covarrubias proviene de un juego antiguo. Ese juego consistía en que en la orilla de un río los muchachos intentaban meter a un gato al agua, y se dice que ganaba quien se llevaba el gato al agua, misión complicada, ya que el felino se defendía con uñas y dientes, para no acabar dentro del río.

      5-     Haber cuatro gatos:  Cuando hay poca gente en un establecimiento se dice: “Aquí hay cuatro gatos” Esta frase viene de un local de Barcelona llamado “Els Quatre gats” que era muy popular en la época modernista, porque reunía a grandes intelectuales que hacían tertulias culturales e intercambiaban opiniones. Ese círculo de intelectuales era muy reducido, y entre que el lugar se llamaba “Los cuatro gatos” y no estaba muy masificado de ahí viene la frase que utilizamos con frecuencia cuando vamos a un evento y vemos que no está muy lleno.  
4 gats



     6-     Buscarle los tres pies al gato: En realidad esta frase ha llegado a nuestros tiempos muy cambiada, ya que originalmente y además con mucho más sentido, se decía: “Buscarle los cinco pies al gato”, sin embargo, como sucede en muchas ocasiones, con el paso del tiempo y el boca oreja ha llegado a nosotros de esta manera. Lo utilizamos cuando queremos reprobar la actitud de alguien que ve problemas o inconvenientes donde no los hay. Siempre hay alguien que intenta ver problemas donde no los hay, es como quien busca los cinco pies o los tres pies al gato (aunque, por supuesto, tiene más sentido buscarle los cinco pies al gato, ya que no tiene y como tiene cuatro patas, tres pies sí que le puedes encontrar, aunque realmente sean patas).

     7-     Te ha comido la lengua el gato Esta expresión se suele utilizar más con niños, cuando no quieren hablar se les suele decir si se les ha comido la lengua el gato, y en muchas ocasiones, en las que me incluyo, ante la pregunta del curioso sacaban la lengua en acto de protesta, para reivindicar que su lengua está ahí, pero que no quieren hablar. El origen de esta expresión es un poco incierto, ya que mirando por Internet, he visto que hay varios:
       Uno de ellos se remonta a la Edad Media, cuando a los ladrones se les cortaba la lengua. En otras culturas se les cortaba las manos, para que no volvieran a robar. Sin embargo, en otras la lengua, y después esa lengua eran manjar de gatos.
       El siguiente origen es mucho más antiguo y proviene de Siria, cuando alguien cometía algún error y se convertía en un malhechor para los ojos del Rey, éste mandaba que lo matasen y la lengua se la servían al gato del Rey.   
        Y, sin ir tan lejos,  cuando la peste bubónica afectó a mucha población. Ésta fallecía casi siempre por problemas respiratorios, por tanto morían con la boca abierta. Y ahora viene lo más truculento del asunto: eran devorados por ratas y gatos, que al ver la boca abierta y en busca de alimento, se encontraban con la lengua del fallecido.
        He leído por los lares de Internet que también se utilizaba en alta mar, cuando algún marinero hablaba mal o contaba algo que le había confiado su capitán, era mandado a la máquina de los nueve colas de gato, un instrumento de tortura. Este instrumento de tortura  era una especie de látigo  con nueve cuerdas que servía para azotar  también a los esclavos en otras épocas. 

      8-     Tener 7 vidas como un gato:  Seguro que en más de una
gato mirando a la vida
ocasión habremos escuchado decir que los gatos tienen siete vidas, y no es por otra cosa que porque se cree que siempre, caigan desde donde caigan, caen de pie, con las cuatro patas. En cierta medida es cierto, porque son equilibristas por naturaleza, gracias a sus bigotes y a su cuidado, pero no siempre, y sobre todo depende de la altura y la caída, no siempre sobreviven. Pero, este dicho ha llegado hasta nuestros días, cuando una persona es patosa o tiene muchos accidentes, se le suele decir que parece de goma, o que no pasa nada porque tiene siete vidas como los gatos. Pero, ¿Por qué se dice siete vidas y no seis o tres? Pues, es bien sabido que en nuestra cultura el número 7 está relacionado con la buena suerte, es por ello que tener buena suerte equivale a tener 7 vidas como un gato. 


     9-     Llevarse como  el perro y el gato:  Cuando dos personas no se pueden ni ver, porque siempre que lo hacen acaban en trifulca más que asegurada, se  suele utilizar esta expresión, ya que es sabido que los perros y gatos son animales totalmente opuestos. Además no porque sean diferentes, pero no suelen tener mucha afinidad entre ellos. 

Gato bufado y perro


    10-  Cierra la puerta que se escapa el gato:  Esta frase se utiliza en situaciones prácticas, para decir que alguien cierre la puerta. Seguro que en más ocasiones si te has ido de algún sitio sin cerrar la puertas, tras de ti has escuchado lo de cierra la puerta que se escapa el gato. No sé realmente de dónde viene esta frase, quizás de lo pueblos, ya que es común que los animales domésticos anden a sus anchas, y claro si no cierras una estancia, puede salir a su libre albedrio. Si alguien sabe realmente de dónde proviene esta expresión, estaré encantada de escuchar el origen.

     11-  Gato escaldado, huye del agua fría: Se sabe que cuando alguien se quema va con más cuidado al acercarse al fuego. Esta expresión la habremos escuchado cuando, por ejemplo: Un niño después de decirle mil veces que no toque la estufa que se puede quemar, un día se atreve a tocarla y se quema, entonces es cuando es fácil utilizar esta expresión, porque tras los llantos y el dolor, nunca más volverá a meter los dedos. Quizás esta expresión viene de lo poco que a los gatos les gusta el agua, y si encima es caliente y ha tenido la experiencia de escaldarse, huye en cuanto ve un barreño con agua.  

     12-   Si el gato no está en casa, los ratones bailan sobre la         mesa:
Ratones bailando
 Si un adolescente se ve liberado de sus padres y ve que la casa puede ser suya y puede montar un buen sarao, se podría decir que se libera de sus cautivos y que es libre para montar una fiesta. Ocurre lo mismo con los ratones que cuando ven que el gato, su cazador nato por excelencia, no está, pueden salir, bailar y sentirse libres en casa. 


gato negro y grase    13-  La curiosidad mató al gato: ¿Quién no ha oído alguna vez esta expresión? Es común haberla escuchado al hacer muchas preguntas, al intentar saciar la curiosidad y al indagar asuntos peligrosos. Puede servir de advertencia, para acallar a aquel que interroga demasiado. Esta expresión tiene origen en el siglo XVI, es inglesa y originalmente se decía: “Care kills a cat” con el tiempo la palabra “care” se cambió por la de “Curiosity” y así llegó hasta nuestros días. ¿Por qué se utilizaba esta expresión? Empezó a utilizarse, porque en una publicación científica publicaron que las personas que se preocupaban mucho enfermaban, pudiendo hasta morir por una preocupación. Esa preocupación se transformó en curiosidad, diciendo que las personas que tenían muchas curiosidad por saber podían hasta acabar con su vida. 
       En ocasiones cuando alguien quiere parar los pies a alguien, porque está preguntando demasiado, hasta llegar a temas que puede que no sean de su incumbencia, es frecuente escuchar este refrán. 

     14-  Gato con guantes no caza ratones: Esta expresión no sé de dónde proviene, simplemente que es un refrán popular que sirve para criticar a aquellas personas que se arreglan demasiado para trabajar. Significa que por muchos adornos que te luzcan, a veces pueden innecesarios para realizar y ejecutar de forma correcta tu cometido.  

Dibujo de  gato con guantes


     15-  Cara de beato y uñas de gato:  Hay veces que nos encontramos con santos, benditos y, en definitiva con beatos, que parecen que no han roto un plato en su vida, hasta que sacan el carácter y atacan como nadie. Esta expresión se podría equiparar a: “Los modositos son los peores”. Y es que a veces, la apariencia de ser un santurrón no quita que tras la bondad haya un carácter afilado como las uñas del gato.

     16-  Defenderse como gato panza arriba: Los gatos cuando se ven acorralados y en peligro se colocan de tal manera que protegen a su espalda y sacan sus uñas, para atacar a su agresor. No por ello significa que una persona se vaya a poner con la misma postura, pero sí que para defenderse de algún agravio, sacará sus garras y todo su ímpetu, de igual manera que haría un gato.  

      17-  Ponerle el cascabel al gato: A veces nos encontramos ante
cascabel con gato
situaciones complicadas, con problemas que resolver. Hay veces que muchos proponen para encontrar una solución, pero a la hora de actuar es cuando aparece la típica frase de: “¿Quién le pone el cascabel al gato?” Así que “Ponerle el cascabel al gato” sería arriesgarse y actuar ante una dificultad, para lidiar con el problema. 



      18-  Aterrizar con los pies como un gato: Se sabe que los gatos siempre caen con las cuatro patas. Así que si alguien va a caer y tiene una buena caída, se podría utilizar esta expresión, para definir una estupenda caída, más bien un aterrizaje como haría un gato, apoyando  las cuatro patas.  

19-  Tener más vidas que un gato:  Este dicho es parecido al de tener 7 vidas como un gato. Se sabe que los gatos suelen caer de pie, son cuidadosos, silenciosos y se libran de muchos accidentes, es por ello que se suele decir que tienes más vidas que un gato cuando te libras de muchos accidentes en los que podrías haber acabado malherido. Esta expresión proviene de una fábula escrita en el Siglo XIII y que aparece en “El libro de los gatos” de Odo de Sherington. En esta fábula se cuenta la historia de unos ratones que discuten cómo poner fin a las matanzas que sufren su colectivo por los gatos. Aparece la solución: ponerle un cascabel al gato. Todos los ratones están de acuerdo es una manera de atajar más muertes, ya que sabrían en todo momento dónde estaría el felino. Sin embargo, a la hora de ir a ponerle el cascabel al gato, nadie se muestra voluntario para actuar.

20-  No tirar el gato en el jardín de nadie: Sinceramente, no he escuchado este refrán con anterioridad, tampoco sé su origen, pero sí el significado. Cuando alguien te diga que no tires el gato en el jardín de nadie, querrá decir que no hables mal de nadie. Si alguien ha escuchado este refrán  y puede aportar más información, será más que bienvenida.   


       



lunes, 6 de noviembre de 2017

PREMIOS LIEBSTER AWRDS

Premios Liebster Awards  

LA MALETA DE PILI NOMINADA EN LOS LIEBSTER AWARDS 2017

Logo rosa oficial Liebster Award

¡Gracias! ¡Gracias! y mil gracias. Hoy estamos de enhorabuena en el blog y todo gracias a Nuni travelers que han tenido la consideración en pensar en nosotros. Han nominado a LamaletadePili en los premios Liebster Awards.

Realmente si os soy sincera, nunca había escuchado hablar de estos premios. Os cuento: son unos premios que otorgan otros blogueros, para dar conocimiento e impulso a otros blogueros. No me hace solamente ilusión el reconocimiento, el premio, también me gusta saber quién ha pensado en nosotros. Nuni travelers, es una pareja de viajeros: Laura y David, que hace poco se adentraron en el mundo de los blogs, para dejar su marca en el ciberespacio. Me alegra que hayan dado el paso, porque me gusta mucho leer sus viajes y sus experiencias. Laura tiene una discapacidad visual y una perra guía, Grace, pero eso no le frena para lanzarse a la aventura. Os recomiendo que visitéis su blog,  para que descubráis lo viajeros y aventureros que son.  Chicos, muchas gracias por acordaros de La maleta de Pili, me ha hecho mucha ilusión.

En este enlace os dejo las reglas de los Liebster award

Es una buena manera de reconocer el esfuerzo de los bloggers, de darles un reconocimiento y un impulso para que sigan adelante con su escritura y su creatividad. Es un premio virtual, simbólico, pero que puede hacer mucha ilusión, además de ganar más visibilidad y de que otros bloggers cono la misma temática te conozca.


RESPONDIENDO A LAS 11 PREGUNTAS

Así que vamos a responder a las preguntas que Nunitravelers nos hicieron: 

1. ¿Qué os impulsó a crear vuestro blog?
El blog lo creé cuando en Octubre de 2010 nos fuimos a Dublín, Irlanda, para pasar una larga temporada. Era el momento de explicar nuestras experiencias en un país extranjero y contar cómo nos iba por tierras irlandesas.

2. ¿Cuál ha sido el momento más duro que habéis vivido viajando?
En muchas ocasiones hemos vivido “malos ratos” que después se compensan, porque no han sido graves: como que te pierdan la maleta, como llevar sobrepeso, perdernos, etc. Pero, el peor momento fue la primera vez que fuimos a Irlanda, ya que fuimos con nuestra perra guía, Kenzie, y nos tuvieron recluidos más de dos horas en el aeropuerto, porque no estaban avisados de que íbamos con ella. Lo pasamos francamente mal, ya que tuvimos que esperar a que viniera un veterinario, para verificar que todos los documentos y el chip eran correctos. Pero, Kenzie, al ser americana tiene dos chips, el americano y el español, y la máquina que utilizaban, el lector de chips, solamente reconocía el americano. Finalmente se pudo resolver sin problemas, porque pudieron encontrar el chip español. Sin embargo, lo pasé muy mal, porque si no coincidían los datos, se tenían que llevar a Kenzie de cuarentena, aunque eso no lo hubiera permitido por ningún medio.  
Son novatadas de primerizos, era nuestra primera experiencia viajando a Irlanda, y no sabíamos que aparte de avisar a la compañía aérea, teníamos que notificar nuestra llegada adjuntando todos los documentos de mi perra guía al aeropuerto de llegada. Eso no sucede en todos los países, pero en Reino Unido, Irlanda, Malta, entre otros, son un poco restrictivos con la llegada de perros, ya que allí no está la rabia, y tienes que presentar la documentación de las vacunas contra la rabia, entre otros documentos que te solicitan.

3. ¿Cuál es vuestra gastronomía favorita? 
Nosotros somos de buen comer, así que no hacemos ascos a ningún tipo de gastronomía, porque siempre hay matices y sabores que descubrimos y nos puede gustar más o menos, pero siempre son sensaciones nuevas. Sin embargo, me quedo con la gastronomía española, sobre todo la del norte, ya que se come muy bien y con cantidades, a veces, exageradas, así que con hambre no te quedas.  

4. ¿Cual es vuestro aeropuerto favorito?
Me quedo con el de mi ciudad, Barcelona, porque es el que más conocemos. Además, después del día que pasamos más de 10 horas en la terminal 1, esperando a que saliera un vuelo, que no salía por huelga de controladores franceses, creo que nos lo conocemos bastante bien. Hay muchos otros que están bien, pero no hemos pasado tanto tiempo como en el de nuestra ciudad.

5. ¿Cuál fue vuestro primer post?
Nuestro primer post fue explicando el por qué de crear el blog y explicando que nos íbamos una larga temporada a Dublín, aunque ese fue como la introducción. El primero fue la llegada a Dublín, en el que fue una semana durilla, pero que recordamos con cariño, ya que íbamos sin alojamiento, solamente el hotel para la primera semana, y el tiempo apremiaba y tocaba buscar, casa, academia y ponernos las pilas en una ciudad nueva, con un idioma que no dominábamos y con una meteorología que cada día nos sorprendía.

6. ¿Coche, avión, barco o tren? 
Depende de por dónde. Todos los transportes tienen algo bueno. La rapidez de un avión, la localización de las estaciones céntricas de tren, la experiencias de surcar los mares en barco, o la libertad de un coche. Para hacer escapadas preferimos lanzarnos a la aventura con el coche. Para destinos largos el avión. El barco para trayectos cortos, tipo ferry. Y el tren, después de venir de Japón, si son como los de allí, como el Shinkasen, el tren bala, me voy a cualquier parte, por la velocidad y la comodidad.  

7. ¿Sois más de viajar solos o acompañados? 
Normalmente viajo junto a Carlos. Carlos es mi pareja y es mi otra mitad. Si nos puede acompañar nuestra perra guía, Kenzie, genial, pero si es un viaje largo, de muchas horas, o vamos a destinos que sabemos que no son para ella, ya que nos vamos a pasar el día en la playa, de fiestas, o sabemos que no lo vamos a pasar bien, ni ella, ni nosotros, la dejamos con los abuelos, para que también tenga un descanso.  

8. ¿Cómo elegís vuestro próximo destino? 
Barajamos diferentes posibilidades. Empezamos a hablar de qué destino nos gustaría a cada uno de nosotros. Miramos precios y después si lo que vemos por Internet nos atrae, nos lanzamos.

9. ¿Un momento inolvidable en algún viaje. 
Complicado, porque quedarse con uno es difícil. En cada viaje siempre hay sensaciones y recuerdos que perduran más que otros. Pero, todos los viajes tienen algo especial, y  quedarse con uno es muy difícil. 
Sin embargo, por quedarme con uno de esos momentos que marcan y se quedan como inolvidables en la memoria diría: El día que llegamos a Santiago, a la catedral de Santiago. Estábamos haciendo el Camino de Santiago, y aunque no fue entero, para nosotros fue mucho. Kenzie, Carlos y yo estábamos  cansadísimos y las emociones de tantos días caminando, pasando por lluvia, esfuerzo, dolor y muchos recuerdos se agolparon al llegar al final de todas las etapas. Fue muy emotivo poder llegar los tres juntos a la meta.  

Los 3 en la meta: Santiago


10. Fetiches viajeros.  
Siempre que viajamos no podemos volver a casa sin algún imán para la nevera. No es que sea un fetiche como tal, y tampoco sucede nada si no encontramos ninguno, pero si puede ser y vemos alguno que nos llame la atención, como fetiche de aquel viaje después se queda magnetizado en la nevera de los recuerdos.

11. Frases viajeras que os inspiren.
“Viajamos no para escapar de la vida,  si no para que la vida no se nos escape”

MIS NOMINADOS A LOS LIEBSTER AWARDS 2017
Ahora me toca a mí nominar. La verdad es que es complicado, porque hay muchos que se merecen el premio. A la hora de pensar en blogs de viajes, tengo algunos de referencia como: Viajeros Callejeros, El rincón de Sele ó Japonismo, que tanto nos han ayudado a planificar nuestros viajes. Sin embargo estos son blogs que tienen muchos seguidores y no estarían en la categoría de los Liesbster Awards, sino que, según las normas, estarían en la categoría de Best Blogs Awards. Al menos eso he entendido en las normas de los Liebster Awards.
Es fácil nominar a blogs de referencia, porque ya los conocemos, pero es complicado fijarse, a veces en blogs que no son tan mayoritarios, pero que poco a poco se van abriendo paso en la Comunidad de TravelBloggers. Hay que recompensar el trabajo, la dedicación y el esfuerzo que dedican a sus blogs. Todos los bloggers empezaron desde cero.

Aquí va mi selección de cinco blogs. Y los nominados son:  






Y las once preguntas para los nominados son:

      1-     ¿Cuál fue tu primer viaje?  
      2-     ¿Qué prefieres: maleta, mochila o lo puesto?
      3-     ¿Qué recuerdo te llevas del último viaje?
      4-     Anécdota divertida de algún viaje
      5-     ¿Qué es lo que no puede faltar nunca en tus viajes? ¿y a la vuelta que te             traes?
      6-     ¿Cómo eliges el próximo destino?
      7-     ¿Qué aplicación móvil no puede faltar en tus viajes?
      8-     ¿Qué es lo más raro que has comido? ¿Dónde fue? 
      9-     ¿Por qué creasteis el blog?
     10-  ¿Cómo se os ocurrió el nombre para vuestro blog?
     11-  ¿Cuál es vuestro próximo viaje?


¡Seguimos viajando! ¡Nos leemos! ;) 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Retazos de nuestro viaje a Japón y Corea

La aventura asiática 2017


Unas pinceladas sobre nuestro viaje a Japón y Seúl


Habría mucho que contar sobre nuestros días en Japón y en Corea del Sur, hay mucho que nos ha sorprendido, que nos ha impactado, que nos ha gustado, que nos ha disgustado, pero ante todo ha sido un gran viaje.

Un viaje que empezó en Tokio. Tokio, la capital de Japón, es una megalópolis: una gran ciudad llena de gente, edificios y una vorágine que no para en las 24 horas del día. Podría decir que es estresante, pero no lo es, a pesar de la contaminación acústica y lumínica que se vive en la gran urbe. Los japoneses son muy disciplinados, callados y organizados. Esas características de los habitantes de esa ciudad permite que haya un gran orden, en ningún momento hay choques entre personas, a pesar de cruzar todos al mismo tiempo un cruce con multitud de personas, ni que haya discusiones en el metro, ni en ningún transporte público. El respeto es impresionante y las cabezadas y el prestar ayuda al prójimo está a la orden del día en el transporte público. Nos sorprendió ver a tanta gente trajeada, niños con uniformes que iban al colegio, adolescentes con sus faldas y estética de instituto y adultos que parecían que vestían todos iguales. Entre que ya nos cuesta distinguir a los asiáticos, si encima visten de forma muy similar, cuesta más distinguirlos. 
En Tokio no hay momento para el aburrimiento. Teniendo en cuenta que los tokiotas viven para el trabajo, el poco tiempo que tienen es para gastar el dinero. El consumismo está por todas partes, y quizás por ello vemos centros comerciales por todas partes, en el metro, en edificios de más de diez plantas, tiendas escondidas, etc. 
Además, es frecuente que no se preparen tupper para comer, ya que tienen la posibilidad de comer a cualquier hora, lo que quieran y a un precio más que apto para cualquier bolsillo, casi que es más caro ir al supermercado y comprarte algo para cocinar, que ir a cualquier restaurante y comer unas raciones generosas a un bajo coste.
Los edificios de oficinas se combinan con restaurantes en la planta 12, tiendas, y pisos de viviendas. Cuando entras en cualquier edificio no sabes qué te vas a encontrar, es toda una sorpresa. Pero, también tienen sus parques, grandes parques en los que escapar del bullicio y el estrés. En esos parques o en rincones inesperados, puedes encontrar templos, algunos más grandes que otros, pero en el que respirar el aroma del incienso y sentirte en paz con el ambiente sintoísta que estos regalan. 
Hablar de Tokio no es hablar de una gran capital, es una ciudad en la que encontrar: tecnología, manga, anime, personas serias, divertidas, raros, pero es una ciudad que no te dejará indiferente.  
Pasear sin prisas por las calles de Tokio es todo un descubrimiento, porque entre las tiendas que hay, te puedes encontrar de todo: una tienda especializada solamente en ganchos, otra de peluches, otra de videojuegos, otra de manga. Sobre todo, si vas por el barrio de Akihabara,  podrás ver pequeños comercios de electrónica, otros de muñequitos de anime y otros establecimientos para los llamados otakus. Desde Shibuya, Guinza, Asakusa o Shinjuku, entre otras prefecturas forman parte de la ciudad de Tokio, todas esas áreas conocidas por una u otra razón, pero que no te puedes marchar sin visitarlas.

Rascacielos Tokio



El segundo destino que descubrimos fue Kioto, una ciudad localizada en el centro de Japón. Mucho más tradicional que Tokio, en la que encuentras paz interior enseguida, quizás porque su estilo está basado en la tradición de la antigua China, donde reina el Feng shui, una filosofía que gracias a la ocupación consciente y armónica de todos los elementos, consigue que de una sensación positiva. No sé si por el feng shui, si por su historia, por sus monumentos, por sus templos o por qué, pero realmente esta ciudad nos encandiló. A pesar de que en Kioto no tuvimos mucha suerte no la meteorología, pudimos visitar la tradición de Japón en pleno estado y con el elemento natural de la lluvia, que no cesaba de acompañarnos. Y, a pesar de que hacer turismo, acompañados de paraguas, chubasquero y en ocasiones con el frío de las gotas que iban calando, no es que sea muy agradable, y podría parecer que empañan las imágenes, los recuerdos y las anécdotas quedan ahí. El primer día fue maravilloso sin lluvia de por medio, con una temperatura excelente y con un montón de toris que nos daban la bienvenida. Esos toris los encontramos en el santuario Fushimi Inari, un recinto de visita obligada y gratuita. En el que te encontrarás toris rojos, puerta de entrada al mundo espiritual. Cabe decir que la mayoría del recorrido va acompañado de escaleras. Escalones, escalones y más peldaños, que por su antigüedad en muchas ocasiones no tienen barandilla, para ayudarte a subir, pero el esfuerzo merece la pena. Respiras naturaleza, incienso, paz y esos elementos naturales de la madera de los  toris plantados allí desde cientos de años, hacen que sigas el camino.
Kioto es una de las ciudades más antiguas de Japón, conocida por sus templos, sus monumentos, las Geishas y su famoso Protocolo de Kioto. No deja indiferente a nadie, y si te descuidas te enamorará, como nos sucedió a nosotros.

En el santuari oFusimi Inara


Osaka fue el tercer destino y la tercera ciudad más grande de Japón. Aunque por sus dimensiones podría semejar a Tokio, no me pareció nada similar. A pesar de ser muy diferente con Kioto, ya que no encuentras tantos elementos tradicionales, y sí más edificios altos y gente por todas partes. Sin embargo, no ví el orden que se respiraba en Tokio, con eso no quiere decir que nos llegásemos a chocar con nadie, pero no era igual que Tokio. En Osaka las te puedes encontrar igualmente cosas de anime, pero a un precio más razonable que lo que te encontrarías en el famoso barrio de Akihabara en Tokio. Además, de seguir viendo en cada esquina un restaurante, para deleitar la gastronomía japonesa. En Osaka, como en otras partes de Japón, es típico los famosos okonomiyakis, una especia de tortilla que lleva un poquito de todo. 
Osaka no solamente son coches, contaminación y edificios, a pesar de que la primera impresión al llegar sea esa. También tiene su famoso castillo, fundado en el siglo XVI, con su característica torre que puedes ver de lejos. Puedes entrar dentro del castillo, pero no te encontrarás un museo como tal, si no multitud de recursos multimedia que te explicarán la historia del Castillo. Está situado dentro de la ciudad, de fácil acceso con el metro, y dentro de un parque. 
Osaka no nos llamó tanto la atención como otras ciudades, no sabemos el porqué, pero no nos atrajo tanto como otras, aunque, sin duda: su castillo, sus calles comerciales y su gastronomía también sumó puntos, para que no nos desagradase.

En el castillo de Osaka


Hiroshima, una de las ciudades de Japón más conocidas tristemente por su historia. En esta pequeña ciudad, que supo resurgir de las cenizas y seguir adelante a pesar de la tragedia vivida en 1945, trasmite: silencio, respeto, magia y paz.  Pasear por el parque de la paz no deja indiferente a nadie, a pesar de que haya gente, el silencio se palpa. El respeto de niños que van de excursión impresiona, todos con la cabeza hacia el suelo, callados y quietos, en señal de respeto para quienes perecieron. La magia de una ciudad que supo seguir adelante y volver a construir de nuevo todo desde cero. La magia de árboles centenarios que aún perduran, a pesar de la gran tragedia que vivieron. La magia de un edificio que aún sigue en pie, su cúpula medio destrozada, sin ventanas, sin puertas, solamente se mantiene su estructura, pero forma parte del espíritu de fuerza y resistencia de los habitantes de Hiroshima. La magia de los ciudadanos que no olvidan, pero que perdonan y luchan por la paz, deseando que todas las armas nucleares desaparezcan, para que no se viva una desdicha como de la que tuvieron que reponerse.

Edificio con su cúpula en Hiroshima


Miyajima, Itsukushima  una pequeña isla que se encuentra a 50 km de Hiroshima, en Hatsukaichi. Se puede llegar de forma rápida y fácil, gracias a un ferry, que si tienes el Japan Rail Pass (totalmente recomendable) te saldrá gratuito. Nada más pisar la isla te toparás con uno de sus habitantes más singulares, ciervos. Bambis que se acercan a ti sin ningún reparo, no con la intención de hacerte daño, pero sí con el objetivo de comer, aunque sea el mapa que llevas en la mano, cualquier cosa les vale, para saciar su gula. Están muy cuidados, muy familiarizados con los turistas que nos acercamos a la isla. Son pacíficos, nada molestos y es toda una atracción ver ese tipo de animales sueltos y a sus anchas. Sin duda, la imagen más característica y famosa es el tori gigante, cuando la marea sube, es un tori mágico, un tori flotante. Una de esas puertas espirituales que se encuentras en el mar. Lleva miles de años, conviviendo con el mar, las algas y otros elementos. A pesar de que es de madera, aún perdura en pie y siendo un icono espiritual y lleno de luz, para quien lo visita. Quizás por ello este lugar fue proclamado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996.   
Un último consejo, aparte de no poder irte de la isla sin ver y tocar el tori gigante, ni los ciervos, te recomendamos que pruebes las ostras. Un manjar delicioso que lo preparan de multitud de maneras.

Puesta de Sol con tori  en Miyajima


Fukuoka situado en la prefectura de Kyushu, al sur de Japón, es un lugar tranquilo. Para nosotros fue un lugar de encuentro, un lugar de paso y un descanso. Sinceramente no visitamos gran cosa, la lluvia volvía a hacer de las suyas, pero tuvimos la fortuna de reencontrarnos con un viejo amigo japonés, que nos sirvió de guía. Un guía no tanto de la ciudad de Fukuoka, ya que él no vive allí, pero fue para visitarnos, sino que fue un gran anfitrión, para enseñarnos un poquito más sobre la cultura japonesa. Nos adentró en la gastronomía: probando el shabu-shabu, un plato japonés de carne, en que a tipo de fondue te preparas la carne con salsas. Toda una experiencia cocinarte la carne cruda en la mesa, mientras en las ollas hay unas salsas, una negra, otra blanca, y vas incorporando los ingredientes que gustes.  No dejó de sorprendernos y para cenar, fuimos a un yataí, puesto callejero, en el que te sientas en un taburete y te pueden servir ramen o lo que gustes. En nuestro caso, Yusuke eligió por nosotros, y así pudimos descubrir: lengua, culo, corazón de ternera, jamás hasta antes probado. Todos esos grandes descubrimientos para el paladar se sumaron a los ya conocidos yakitoris, pinchos o brochetas de pollo con diferentes ingredientes y salsas.  Por supuesto, todo ese manjar con la guinda final de un sake para brindar por los encuentros. Ese era nuestro último día en Japón, pero no el final de nuestra aventura asiática.

Pinchos con algas, brochetas


Al día siguiente viajamos de Japón a Corea del Sur. Seúl nos esperaba. La capital de Corea del Sur nos recibió sin lluvia, un gran presagio para los días que vendrían. Mientras en Japón descubríamos el porqué de tanta lluvia, y es que, tal y como nos habían comentado en algún alojamiento, se acercaba un tifón, y eso ocurría mientras nosotros ya estábamos en Seúl. En seguida descubrimos que habíamos abandonado Japón, el orden, el escándalo de las voces, y la suciedad estaba mucho más presente que en la ciudad del Sol naciente. Seúl nos recordó en la actitud de las personas, no tan serviciales, ni agradecidas, un parecido a España. Estábamos en Asia, pero era una parte diferente, sin tanto orden, sin protocolos, sin la predisposición por ayudar que caracterizaban a los nipones. Aunque ya se sabe que las comparaciones son odiosas, pero no podíamos evitar hacerlas. Cabe destacar, que en Seúl en cuanto a la barrera lingüística fue más llevadera, porque dominaban mucho más el inglés que en Japón. 
Sin embargo, para mí el olor es muy importante, es uno de los sentidos que puede hacer que algo te guste o no. Por desgracia, por la época del año que viajamos, otoño, nos encontramos con unos árboles llamados Gingko que huelen de forma horrible, como si hubieran excrementos por toda la acera. De hecho, en una de las calles que sabíamos que estaban plantados esos árboles, íbamos por la de enfrente, aunque tuviéramos que dar más rodeo, porque era muy desagradable tener que pasar por ahí. Eso sumado al olor del kimchi y de la comida picante por todas partes, hizo que el sentido del olor tuviera nostalgia de aquellos días en templos con incienso. 
Seúl es como Tokio una megalópolis, una ciudad de grandes dimensiones y con áreas de metropolitanas que hace que aún sea más amplia. Con más habitantes que Tokio, Seúl cuenta con casi 10 millones de habitantes. No nos llegó a agobiar, porque no tuvimos la valentía de ir en metro en hora punta, no era necesario, además ya lo vivimos en Tokio y no fue nada agradable. 
Seúl tiene muchos edificios altos, lleno de oficinas y trabajadores. Vimos que la cultura de trabajar, trabajar y trabajar está muy patente, solamente cuentan con 3 días de vacaciones al año, o los más afortunados con 5 días. Los supermercados están abiertos hasta las doce de la noche, para que puedas ir a comprar siempre que quieras, y si no, como sucedía en Japón, tienes las tiendas de 24 horas que son pequeñas, pero para una emergencia te puede venir bien.

Al ser una ciudad tan grande, no solamente nos desplazamos en metro, si no que viajamos en: autobús, tren, metro y taxi. No es una ciudad cómoda, para hacer turismo, porque todo está en un sitio distinto, y las distancias son considerables. Por fortuna, teníamos la suerte de contar con una excelente guía, Eunha, una coreana que conocimos en nuestra etapa de Dublín. Ella estuvo informándose de los sitios que visitar, que eran los mismos que teníamos apuntados en nuestra lista, de los recorrido s que teníamos que realizar para llegar a cada punto de interés. Sinceramente, ella misma nos lo reconoció, le sirvió para conocer más a fondo su ciudad, ya que visitó junto a nosotros templos que no había visto, puentes de reciente construcción, paseó con nosotros entre mercadillos como el de Nambaenbu. Además nos llevó a restaurantes, para que probásemos la comida coreana, siempre acompañada del kimchi y de algo picante. Incluso probó los famosos pulpitos vivos, que se movían y queríamos experimentar la sensación de comerlos. 
Gracias a ella descubrimos un poquito mejor la ciudad, haciéndonos de intérprete y siempre atenta a que no nos faltase de nada, y que nos llevásemos buena impresión de su ciudad. Amable y complaciente deseando que nos gustase la comida que ese día había elegido para que degustásemos. Agasajándonos con obsequios típicos de corea, para que nos quedásemos con un buen recuerdo. Sin duda, el mejor sabor nos lo llevamos por haber podido reencontrarnos con ella, por haber utilizado sus pocos días de vacaciones, para enseñarnos su ciudad. Realmente quizás si ella no hubiera estado viviendo en Corea, quizás no la hubiéramos visitado, pero nos ha servido de excusa perfecta para conocer un país más, un país cercano a Japón, pero muy diferente, quizás más semejante al país que también tienen cerca, China.

Árboles que evitábamos por su olor



Este ha sido un resumen de los lugares que hemos visitado. Por supuesto, quiero ir profundizando cada uno de los sitios visitados. Sin embargo, ha servido, para hacer un breve recorrido por los lugares en los que hemos estado durante estas vacaciones otoñales de 2017. Ha sido un descubrimiento tanto de país, de continente, de cultura, gastronomía y de sus gentes.  Estas pinceladas no forman el cuadro con todos sus detalles, pero sirve, para realizar un esbozo de lo visitado. En próximas entradas, iré centrándome un poquito más, pasito a pasito, con todo tipo de detalles, esos pequeños detalles que conforman una gran imagen de lo que fue. Esos pequeños grandes detalles que hacen que algo sea diferente y cambie por completo la percepción. Esos pequeños grandes detalles que hacen gigante lo minúsculo, que sea un recuerdo solamente tuyo, algo subjetivo, con anécdotas que quiero plasmar, para que no se quede solamente en recuerdos fotográficos y sí en palabras que dibujan momentos vividos.   

Además, también me gustaría profundizar en diferentes temas que me han sorprendido y que necesitan una entrada para explicar a fondo de qué se trata. Temas como: gastronomía, accesibilidad, transportes, idioma, etc.

Os espero en próximas entradas y de momento os dejo con el trailer de la película de nuestro viaje.