BIENVENIDOS A LA MALETA DE PILI:

Una maleta cargada de ilusiones, aventuras, anécdotas, sorpresas, recuerdos y mucho más…







viernes, 14 de julio de 2017

Miguel Ángel Blanco

20 años sigue en el recuerdo


Esta semana de julio se conmemora la muerte de Miguel Ángel Blanco. Durante esa semana de julio de 1997 toda la sociedad española se sintió Miguel Ángel Blanco. Todos nos sentimos secuestrados, aterrados y con un límite de horas para morir. El 10 de julio de 1997 tres etarras secuestraron a un joven inocente, haciendo un chantaje al gobierno español: exigían un traslado en 48 horas de todos los presos de ETA, si no lo hacían en ese plazo, Miguel Ángel sería asesinado. El 12 de julio Miguel Ángel recibió dos tiros en la nuca. El 13 de julio se confirmó la muerte de Miguel Ángel Blanco. 4 días en los que sufrimos todos por la gran injusticia que se cometía. La empatía, la solidaridad y los sentimientos estaban a flor de piel.


20 años

Hace 20 años que ETA asesinó a sangre fría a Miguel Ángel Blanco. No era la primera, ni sería la última muerte llevada a cabo por esa organización. Sin embargo, esas 48 horas nos mantuvo en vilo a toda la sociedad española. 

Salimos a la calle para: gritar, desahogarnos y pedir clemencia. Reivindicábamos una libertad de expresión. La impotencia se apoderaba de todos ante algo tan injusto.

Todo aquel que vivió esa fecha, seguro que recuerda el nombre propio de Miguel Ángel Blanco, como si aquella persona hasta entonces desconocida para muchos, se convirtiera de repente en parte de nosotros, de un familiar, de un amigo, de un vecino, alguien cercano, que sin pretenderlo se convirtió durante dos días en el centro de atención. No solamente recordamos su nombre, su cara; recordamos esos precisos momentos como si fuera ayer. Recordamos que estábamos haciendo, son de esas fechas que se quedan grabadas en el corazón de los recuerdos. Son fechas que marcan un antes y un después, pero que también por su alto nivel emocional, como ocurrió con el ataque a las torres gemelas u otros acontecimientos trágicos y que conmocionan, se nos quedan de tal manera, que recordamos qué es lo que estábamos haciendo en ese preciso momento.
Portada con fotografía de Miguel Ángel Blanco



Mi recuerdo

En mi caso yo estaba a escasos días de cumplir 13 años, y a pesar del tiempo transcurrido, aún me emociono como si Miguel Ángel Blanco fuera de la familia. No lo era, pero durante esos días de julio del 97 lo fue, porque me marcó, porque lloré por su muerte, por la injusticia, y de hecho, aún me emociona. 

Evoco con tristeza y emoción, aquella tarde de julio de 1997 en la que fui con mi tío Manolo a manifestarme al centro de Barcelona. No se podía dar ni un paso. Era la primera manifestación a la que asistía, nunca antes había ido a ningún tipo de concentración. Sin embargo, encontré un aliado en mi tío y fuimos juntos. Él sin ver, yo con 12 años, pero juntos éramos muy fuertes y gritábamos una y otra vez: “El pueblo unido jamás será vencido” “¡Basta ya!”  
Entre otro tipo de consignas, incluso recuerdo haber cantado canciones.  Era imposible moverse entre tanta masificación de personas, sin embargo encontramos un hueco para untar nuestras manos en pintura blanca y levantarlas a coro. Todos levantábamos nuestras manos blancas en señal de protesta. Fue muy emocionante. Toda la tarde estuvimos desgañitándonos, pidiendo que lo liberasen, reclamando justicia para un inocente, y liberando nuestra impotencia. Hoy día se me pone la carne de gallina al rememorarlo.

Manos blancas


Protestas y manifestaciones

A pesar del enojo de todos los españoles que salimos a la calle, el desenlace fue el que fue. El destino de Miguel Ángel Blanco ya estaba cerrado de antemano. Incluso él, que era concejal y con sentido común, conocía la situación política, sabía que estaba condenado desde un principio. Realmente, nunca sabremos si lo supo, si sabía qué pedían sus asesinos, si era consciente que habían puesto límite de 48 horas a su vida…. No podemos saber qué pasaba por la cabeza de Miguel Ángel, pero sí que sabemos que todos pensábamos en él. Rezando, suplicando piedad a los malhechores, esos que, a pesar de ver la actuación del pueblo, siguieron adelante con sus planes. Sin importarles lo que la marea humana imploraba, sin sentimientos, con crueldad y premeditación cometieron el peor asesinato.  Con esa muerte ETA no mató a Miguel Ángel Blanco, porque él sigue perdurando en el corazón de quienes le amaron, en el recuerdo de todos los españoles y  enterró el miedo que muchos tenían a manifestarse. Su secuestro fue nuestra preocupación, fue la unión de todos los españoles: unidos por una angustia, un dolor.

No sé si manifestándonos conseguimos algo, ya que el final fue el que fue. No obstante, sirvió para unirnos, gritar y repudiar ese tipo de actuaciones. Los miembros de la organización terrorista, ETA,  creo que empezaron a darse cuenta del rechazo que provocaban, ya no eran tan temidos, porque por muchas armas que tuvieran, por muchas bombas y muchas barbaries que cometiesen, no podrían con el pueblo. Por una vez no eran ellos quiénes salían a la calle a quemar contenedores, gritar consignas o matar. Esta vez eran los buenos quienes salían a la calle, sin usar la violencia de forma pacífica, y no para sembrar el pánico, sino para sembrar algo de esperanza. 



El fin de ETA

Este mes de abril la organización terrorista, ETA,  ha entregado todas sus armas, ha desaparecido, aunque el dolor generado durante años sigue estando muy presente. 20 años después se ha rendido, pero…
 ¿Cuántas muertes han tenido que ocurrir? ¿Cuántas familias destrozadas? ¿Cuántas cicatrices? ¿Cuánto dolor? ¿Y todo para qué? ¿Han conseguido algo? Bajo el diálogo se consiguen muchas más cosas, no es tan fácil como apretar un gatillo o un botón para accionar una bomba, sin embargo la victoria está asegurada tras unas buenas palabras, una buena dialéctica, un buen abrazo, un acuerdo y una sonrisa. A veces, es cierto que con las palabras no se llegan a acuerdos, sin embargo, exponiendo todos los puntos de vista, ganamos todos y nadie muere.

Dos décadas después, Miguel Ángel Blanco sigue estando muy presente, porque siempre lo estará: forma parte de nuestra memoria histórica, de nuestra vida y su nombre representa:  la unión, el coraje y la libertad. No olvidemos que existen muchas víctimas del terrorismo, porque de igual modo sus familiares y amigos no pueden hacerlo, nosotros podríamos haber sido una de esas víctimas inocentes. 







martes, 11 de julio de 2017

Relato: La tortuga naranja

Relato: La tortuga naranja

El niño había estado toda la semana esperando a que llegase el gran día, ese en el que su padre le había prometido llevarle a la playa: el domingo. El domingo era el día que su padre le había dicho que le llevaría a la playa, un lugar idóneo para echar a volar su cometa. El niño a sus ocho años había construido su primera y única cometa. Ahora solamente le hacía falta comprobar si podía volar, como él quería.
Había estado mucho tiempo construyéndola, le había costado lo suyo, pero lo había logrado. Era una cometa de colores llamativos, en los que había dibujado una tortuga en medio de color naranja. Sabía perfectamente que las tortugas de color naranja no existían, pero era su cometa y podía ser cómo él quisiera, y lo único que quería era que volase lo más alto posible, que su tortuga naranja resaltase entre el cielo azul y bailase con las nubes. Para esa construcción había invertido tiempo y materiales recogidos por casa, como: plásticos, cartones, hilos, etcétera. Tras mucho insistir, cuando tuvo que utilizar pegamento para poner los cartones en el plástico y poner los hilos, le pidió ayuda a su padre. Su padre le ayudó a regañadientes,  pero el niño insistió sin cesar hasta conseguir su objetivo. Al final, el padre, que no era muy manitas y tenía otros quehaceres se puso manos a la obra para complacer a su hijo. No es que no quisiera ayudarle, pero no entendía la manía que le había entrado con una cometa, cuando él pensaba que esas cosas ya no se llevaban, no sabía casi ni cómo era eso de una cometa, ni mucho menos cómo se hacía. Sus compañeros de trabajo cuando hablaban de sus hijos, estaban siempre quejándose de que sus hijos de edades similares a la del suyo, siempre estaban enganchados a los videojuegos, y en cambio su hijo no quería ni hablar de máquinas infernales, como las llamaba él. Pensaba que le había salido un hijo raro, pero en el fondo le gustaba no tener que decirle que retirase los ojos de la pantalla, porque en muy pocas ocasiones lo había visto pegado a la televisión.  Su hijo siempre estaba investigando y rebuscando cosas que inventar, y su último invento era la cometa. Al final, el padre, después de navegar por internet y ver cómo se hacía una cometa le ayudó. Una vez lo lograron le prometió que irían a la playa para hacerla volar y ver que su proyecto se había hecho realidad.  

La noche de antes, el niño se quedó a ver las noticias, le interesaba saber qué tiempo iba a hacer el domingo por la mañana. Estaba muy nervioso y no quería que nada frustrase sus planes. No paraba de reír y estaba muy alterado, como si fuera la noche de Reyes, y su padre de reojo le observaba y sonreía, aunque se dirigía a él con un gesto serio, para mandarle a la cama, amenazándole que si no, las sábanas se adueñarían de él y no habría quién le despertase, pero en el fondo disfrutaba viendo a su hijo tan feliz con el plan de compartir el día juntos. 

Cuando el niño se fue a la cama cantando y riendo, el padre recibió un correo electrónico de Estados Unidos, su manager le anunciaba que el proyecto se había adelantado y tenían que presentarlo el lunes a primera hora. No podía creerlo, un sábado por la noche le anunciaban que tenía que estar listo un proyecto que era para dentro de dos semanas. Volvió a leerlo y vió que había más gente de su departamento en copia. Enseguida, después de varios minutos quedándose embobado ante la pantalla del portátil, sin saber qué hacer, cómo organizarse. Empezó a escribir correos como un loco. Tenían que ponerse las pilas para tenerlo listo el lunes a las nueve, si no perderían la subvención, sabía lo importante de este proyecto.  A las seis de la mañana cuando Morfeo se apoderó de él, cayó encima de la pantalla del ordenador.

Al fin, el soñado día del niño llegó. El domingo que le había prometido el padre ya estaba ahí. Lo primero que hizo el niño cuando se despertó, fue ir corriendo al balcón y ver qué día hacía. Una sonrisa delató su alegría,  y fue a grandes zancadas a la habitación de sus padres. Entró sin llamar y se tiró en la cama, gritando y riendo,  diciéndole a su padre que se arreglase, que hacía un día estupendo, que tenían que ir a la playa, que tenían que estrenar la cometa. 
El  padre estaba dormido y con todo el jaleo de última hora, en lo que menos pensaba era en cometas. Había olvidado por completo la promesa, miró el reloj y se dio cuenta que, aunque llevase tres horas de sueño se tenía que poner en pie, para proseguir a contra reloj, despertando a todo su equipo y dirigiéndose a la oficina para poder terminar a tiempo el proyecto.  El niño al ver que había conseguido que su padre se levantase, aunque no le prestase casi atención, se fue corriendo a la cocina, para preparar el desayuno. Vió que su padre entraba a la cocina vestido con traje como cuando iba a trabajar, y no entendía por qué se vestía así para ir a la playa y empezó a reírse como un loco.
-        Papá, piensas ir así de elegante a la playa? Creo que te vas a ensuciar de arena.
El padre serio se le quedó mirando y se sentó en la silla de al lado, le dijo que ya habría tiempo para echar a volar la cometa, que sin ellos no podría ir muy lejos la tortuga y sonrió.
Esa última sonrisa a su hijo no le hizo nada de gracia. No entendía por qué tendría que esperar y mirando al vaso de leche le dijo flojito, pero con rabia:
-        ¡Mentiroso! ¡Me lo habías prometido!
El padre no tenía mucho tiempo que perder, no sabía qué decir, y el teléfono le salvó. Se fue de casa hablando de negocios: cifras, fechas y entresijos de última hora.

Cuando se levantó la madre y fue a la cocina se encontró a su hijo estático, mirando hacia ninguna parte, ausente, mientras sus saladas gotas se juntaban con el vaso con cola-cao que tenía delante. La madre se fue a sentar al lado de su hijo, pero él al ver que era el mismo gesto que unos minutos antes había hecho su padre, se levantó arrastrando la silla y se encerró en su habitación.
La madre pensó que empezaba pronto la adolescencia, que qué complicado lo tendrían en unos años. Llamó a su marido, pero éste no le respondía, quería saber si aunque fuera más tarde podrían ir a la playa, porque el niño estaba hecho polvo, con una rabieta considerable. La madre estaba en una encrucijada, pero optó por coger las riendas. Llamó a la puerta de su hijo, pero éste dio por respuesta la callada, así que entró y se lo encontró dentro de la cama, sollozando como un cervatillo herido, y era como estaba: herido en su orgullo, herido en promesas frustradas, herido. La madre le acariciaba y éste lloraba con más fuerza, diciéndole que se fuera. Ésta cogió la cometa que estaba en el escritorio y le dijo:
-        Bueno, si te quieres quedar todo el día llorando, tú mismo. La tortuga naranja y yo nos vamos a la playa, si no te quieres venir, tú mismo. – Lo dijo con toda intención, con una sonrisa pícara que su hijo escondido no podía ver.
El niño paró de berrear, asomó la cabeza por las sábanas y se le quedó mirando con los ojos como platos: ojos grandes, rojos y brillantes.
-        ¿En serio? Pero… ¿vamos a ir sin papá?  
Al ver que el niño estaba más calmado, se sentó de nuevo en la cama y le dijo que a su padre le habían salido temas importantes de trabajo que tenía que terminar hoy sí o sí.  El niño le rebatió que él llevaba meses haciendo esa tortuga y que no era justo que prometiera cosas que después no podía llevar a cabo, porque siempre estaba ocupado.  La madre no rebatió a eso, estaba harta de siempre defender lo indefendible: sabía que su marido debería dedicarle más tiempo a su hijo, en  vez de dedicar tiempo a sacar adelante programas infantiles: haciendo felices a otros niños, más que al suyo.  
La madre que no había formado parte de la construcción de la cometa, que no sabía cómo iba ni nada, optó por coger las llaves del coche e ir a la playa, su hijo debía saber cómo iba. Conducía seria, porque el día no era como lo había planeado, pero nada sale como lo planeas. Para no darle más vueltas al asunto, le dijo a su hijo que él tendría que hacerla volar, que él sabría cómo. El niño se le quedó mirando, parpadeó y dijo riéndose: “vale, pero no sé cómo podrá volar una tortuga”. Había recobrado la emoción, la ilusión, los nervios de quien quiere ver volar su primera cometa.

Aparcaron y fueron cerca de la orilla. Era invierno y no había casi nadie, iban abrigados, porque hacía bastante frío, a pesar de los rayos de Sol. El niño sacó la cometa y se fue casi a la orilla. La madre se reía viendo la silueta de su hijo con una tortuga gigantesca más grande que él, al menos que su cabeza, que ni se la veía.  Odió a su marido por perderse ese momento y pensó en hacer una fotografía con el móvil y se la mandó.  Ese momento de su hijo caminando por la arena llevando una cometa que le tapaba la cabeza era para inmortalizarlo.
El niño se sentó al lado de la cometa y empezó a desliar los hilos, una vez terminado, se quedó cabizbajo mirando la arena. La madre le preguntó qué ocurría, pensando que se habrían dejado algo en casa, y el niño le dijo que no sabía qué tenía que hacer. La madre que no se rendía fácilmente le dijo que usase la imaginación y rezó para que en ese momento apareciera un experto en cometas haciendo volar la suya y les explicase cómo podían hacer volar ese plástico, pero aparte de algún que otro pescador y alguien paseando a su perro, no había ningún genio de cometas. 

La madre decidida, como si supiera, cogió la cometa con una mano y con la otra los hilos y se puso a correr, pero la tortuga cayó estrepitosamente en la arena. La madre se mordió el labio inferior, deseando que no se hubiera roto, porque eso ya sería completar el día de disgustos.  El niño corriendo fue a ver cómo estaba la tortuga, pero había sobrevivido a la caída. La madre suspiró. 
Repetidas veces el niño intento hacer volar la tortuga, tal y cómo había hecho su madre, sin ningún éxito. Abatidos la madre dijo de ir a la única terraza que había abierta y se tomaron un helado, a pesar de ser invierno, necesitaban algo dulce, para endulzar ese día tan amargo. La madre de vez en cuando iba mirando el móvil y se indignaba cada vez que lo hacía, porque su marido no había contestado a la foto enviada, como si no se preocupase por ellos, por la ilusión de su hijo. Disimulaba delante de su hijo con sonrisas fingidas, le colocó un pelo tras la oreja y le dijo que ya habría tiempo para echar a volar la tortuga, que como era una tortuga estaría invernando. El niño esbozó una tímida sonrisa y con el humor que le caracterizaba dijo, pues la próxima vez haré una mariposa, para que así sí que vuele, y rieron. La madre vio que eran pasadas las doce y tendría que ir para casa, para ir haciendo la comida. Con pena le dijo a su hijo que tenían que ir yéndose. Cuando el camarero trajo la cuenta y vio la cometa, le dijo al niño si la había hecho volar, pero el niño con los ojos brillantes le dijo un rotundo no. El camarero que era un chico joven, no entendió la negativa del niño y siguió hablando, diciendo que él cuando libraba siempre venía aquí con su cometa y bla, bla, bla. Para el niño era un hombre que no callaba y encima podía hacer volar cometas, mientras él no, pero para la madre fue la solución a aquel día. Le dijo al niño que ahora venía que iba al baño, y fue con el camarero para que le explicase cómo podía hacer volar la cometa, le dio un par de trucos: cómo saber de dónde venía el viento, no sacar todo el hilo, si no ir haciéndolo poco a poco a medida que corrías, entre otras cuestiones. La madre agradecida, casi le da un abrazo, pero se contuvo y le dio una buena propina.

Al salir vio al niño ya en pie que al verla ya se dirigía al coche y esta con un silbidito le dijo que viniera que se le había ocurrido una cosa. El niño ya estaba cansado de probar y probar, para nada y lo único que quería era irse.  

Cuando el niño se acercó la madre le arrebató la cometa, sabiendo que el niño ya no iba a hacer ningún intento más, al no ser que viera que era posible. Ella siguiendo los consejos del camarero, se puso a correr como una loca. El niño se le quedó mirando como un pasmarote, sin saber qué hacía su madre, hasta que casi se le salieron los ojos de las órbitas, al ver que su madre estaba consiguiendo su sueño y poco a poco una tímida sonrisa fue asomando, hasta que esa tímida sonrisa se convirtió en una carcajada y fue tras la madre, queriendo ser él quien aupase a su tortuga a los cielos.

El padre que de reojo había visto que le había llegado una notificación en el móvil, cuando vio que todo el equipo estaba más que manos a la obra. Abrió en su despacho el mensaje y vio en la pantalla del móvil a su hijo caminando por la arena de la playa con su cometa. Con una mano temblorosa aguantaba el móvil, con la otra se masajeaba las sienes, como intentando pensando qué hacer. Sin pensárselo más veces, volvió a mirar la foto, vio el faro de la playa donde siempre iba, cogió del cajón las llaves del coche y se fue sin decir nada a su equipo. Solamente dejando un post-it encima de la mesa: “Si me necesitáis me podéis localizar en el móvil, ahora necesito tomar el aire y cumplir una promesa”.
Con decisión y antes de que la razón le paralizase, siguió los pasos de su corazón y se dirigió al coche.  Por el camino pensaba en cuantas promesas había incumplido su padre en el pasado y no quería convertirse en los sueños rotos de su hijo, además, sin decírselo a nadie para no desmotivarles, sabía que era imposible sacar el proyecto en unas horas, así que antepuso algo que debería haber hecho antes.

Las gaviotas anunciaban que se acercaba al lugar donde estarían su hijo y su mujer. Sabía que no sería recibido con los brazos abiertos, porque él mismo no lo había hecho cuando su padre aparecía al final de cada partido, como si hubiera estado durante todo el juego. Pero, tenía que intentarlo.


Aparcó al lado del coche de su mujer y se alegró de saber que aún estaban allí. Miró al cielo como pidiendo ayuda y allá bailando con las nueves vió algo naranja, la tortuga de su hijo. ¡Lo había conseguido! Sin él, pero estaba haciendo volar su tortuga. Esa no era la señal que esperaba recibir del cielo, pero se le iluminaron los ojos al ver que los sueños eran posibles.  Siguió el rastro de la tortuga, como si le fuera a guiar hacia su objetivo: su familia, y así lo hizo. Antes de abrir la boca y plantarse ante ellos, desde la lejanía comprobó que la tortuga, la cometa, seguía volando sin detenerse, a pesar del poco viento que hacía, y se dio cuenta que el tiempo volaba tan rápido o más que la cometa, pero que los momentos felices quedarían grabados en la retina como el paso de una tortuga, a cámara lenta. 


sábado, 1 de julio de 2017

El mes de julio y la serotonina


EL VERANO
El calor, el bochorno, las vacaciones para algunos, el granizado, las terracitas, la playa, los turistas, en general: el verano ya está aquí. De hecho, ya hace un par de semanas que oficialmente estamos en verano, aunque este año la temporada estival empujaba con fuerza y se ha colado antes de tiempo. El calor ha hecho acto de presencia antes de su inauguración oficial el 21 de junio. Hemos pasado un junio digno de un julio, ¿será por el cambio climático? Sea por lo que sea, todos hemos notado que el Sol apretada de lo lindo.

ME GUSTA JULIO
Julio es un mes que siempre me ha gustado, y no solamente porque yo naciera en ese mes, que también. Si no porque no es el típico mes que todo el mundo esté de vacaciones, aún hay gente que trabaja, pero se nota que los niños ya no tienen cole, empiezan los horarios de verano para algunos, la vacaciones para otros, la época de estar en las terracitas, porque se está de maravilla, y la temporada de playas.
Las terracitas en los bares pueden estar todo el año, pero no se disfrutan de igual manera. La playa y su temporada de baño empieza antes, pero no te torras igual, ni se disfruta de igual manera en un mes que en otro. Hay mucha más aglomeración de gente, pero sin que sea un agosto en el que no cabe ni una sombrilla.

VENTAJAS DE TRABAJAR EN VERANO
Este año no tenemos vacaciones en julio, de hecho ya hace unos cuantos años que no elegimos ni julio, ni agosto, para disfrutarlas. Sin embargo, a pesar de que el Sol acompañe, también hay muchas otras ventajas para no hacerlas durante el verano. Mientras muchos están de vacaciones, nosotros aprovechamos el horario de verano, que alguna ventaja tiene que tener trabajar en verano. Es un horario reducido, en mi caso, no es que sea una gran diferencia, pero sí que es notable. Además, teniendo en cuenta que la luz solar dura más, parece que la tarde se aproveche mucho más. Además el transporte público va mucho menos lleno que en otras épocas del año, y eso es un alivio, sobre todo en según qué horas. 
Además pudidendo elegir realizar vacaciones en otro mes que no sea verano, depende el destino que elijas,no está nada mal, porque si vas en temporada baja, todo sale mejor e precio, y te lo puedes organizar con tiempo. Y, mientas algunos han vuelto y han  olvidado  sus vacaciones, tú las disfrutas en otro mes que nada tiene que ver con lo convencional, al menos pienso eso, no sé si para consolarme los meses que aún quedan hasta que lleguen las vacaciones, pero realmente es cierto. 

LA INAUGURACIÓN DE JULIO
Sea como sea, hoy 1 de julio quería dar la bienvenida al mes que me vio nacer, al  de los san fermines, al del apóstol, al del verano oficial y al del calor. ¡Bienvenido julio! A disfrutar del mes, como todos los meses, pero beneficiándonos un poquito más de la serotonina: la hormona de la felicidad. Según estudios la luz solar hace que tengamos más niveles de serotonina, por tanto que estemos más felices.

CARPE DIEM
Como dice mi tío Joaquín: “Que seas feliz hoy y todos los días del año” bueno, y si no es esa frase es otra similar, pero siempre nos quiere trasmitir que seamos felices.     

Os dejo con dos canciones, algo antiguas, pero que seguro que reconocéis. Una me recuerda, sin duda al verano: “Hace calor” y otra hace mención a la felicidad.


¡Disfrutad del verano!

jueves, 22 de junio de 2017

Un día japonés en Barcelona

UN DÍA DE MATSURI CON WASABI EN BARCELONA

Al llegar el buen tiempo muchos habréis escuchado  que Japón se llena de celebraciones, ya que tienen el Matsuri: Festivales tradicionales, en los que danza, gastronomía y cultura se dan la mano. Imaginaros que una cultura tan lejana y en forma de festival llega a vuestra ciudad, ¿Sí? ¿Os lo imagináis? Pues, no hace falta forzar mucho la imaginación, ya que por fortuna, gracias a una Asociación cultural japonesa acerca la cultura nipona a Barcelona.

Barcelona durante un fin de semana se llena de actividades, música, danza, obsequios y gastronomía japonesa. Esta asociación ya lleva más de cinco ediciones celebrándolo. Este año 2017 no queríamos perder la oportunidad de visitar este festival por nosotros mismos y disfrutar del V Festival Matsuri en Barcelona.

No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, no sabíamos cómo sería, qué harían. A pesar de que leas el programa de actividades, de escuchar comentarios, de saber que habrá carpas y espectáculo, hasta que no llegas no sabes qué es. Cuando llegamos al Moll de la Fusta nos dimos cuenta que ese sábado 10 de junio, a pesar de no estar en verano era como si lo fuera, y Kenzie no estaba por la labor, con toda la razón del mundo en que nos parasemos a cada momento  a contemplar como tontos las tiendecitas que habían colocado, ni mucho menos a que nos parásemos a escuchar la música tradicional. No es que no le gustase el ambiente japonés, ni le molestase la música, ni tampoco las personas que paseaban envolviéndose del ambiente nipón, sino que con altas temperaturas Kenzie deja de ser un perro guía, para ser un perro jadeante, y si a eso le sumas que el suelo quemaba como el mismísimo infierno, ella solamente estaba pendiente en hacer un baile, para no quemarse las almohadillas, y buscaba con ansiedad una sombra.

Finalmente, después de dar un paseo rápido con el fin de que Kenzie aguantase lo mejor posible, buscamos un lugar donde sentarnos, por supuesto ella eligió sombra. Allí Kenzie y yo esperábamos a que Carlos viniera con exquisitos manjares del lejano oriente, mientras ella y yo nos intentábamos relajar y sofocar esos calores con un abanico que nos habían regalado.    

Matsuri: japonesa riendo
Programa de actividades



Probamos algunas cosas, pero, sinceramente, con un calor tan agobiante no apetece comer nada, pero me gustaron algunos sabores que jugaban con los contrastes. No duramos mucho, porque ni nuestro cuerpo, ni el de nuestra peluda estaba para nada más. Así que nos fuimos para casa, para retomar fuerzas y sobre todo para refrescarnos.

Con las pilas cargadas y sin rendirnos en nuestra aventura de adentrarnos en Japón estando en Barcelona, volvimos por la tarde noche a la andadas, volviendo al lugar donde se celebraba todo el festival cultural: Moll de la Fusta de Barcelona. En esta ocasión dejamos a Kenzie a buen recaudo, bien cuidada por los pajaritos, en casa descansando y con la tele. Nosotros nos fuimos a descubrir qué era eso del Matsuri, cuando nos íbamos acercando ya se escuchaba la música de fondo, una música que jamás hubieras pensado escuchar, japonesa, tradicional, alegre y divertida. A todo eso hay que sumarle toda la cantidad de gente que como nosotros se había animado a acercarse al festival, casi era imposible moverse, pero sin llegar al agobio. Pudimos pararnos tiendecita por tiendecita, viendo lo que vendían: kimonos, abanicos, figuritas, monederos, llaveros. Esas paraditas era de tiendas ubicadas en diferentes puestos de Barcelona, habían salido para mostrar sus obsequios, ya que están centrados en la cultura japonesa. 

Llegamos al escenario, donde pudimos escuchar en directos algunas canciones tradicionales, cantadas por japoneses. Al lado del escenario, japoneses, y gente afín bailaba un especie de coreografía, no sé si serían de alguna escuela, pero lo que no cabía duda era de lo bien que se lo estaban pasando, y cuando la gente se lo pasa bien es contagioso y da muy buen rollo.

Paseamos por las mismas mesas que habíamos estado al mediodía con Kenzie, y seguían estando a tope. Sin ningún sitio para sentarse, tampoco pretendíamos hacerlo, así que nos dedicamos a ver todas las paraditas de comida que había, fijándonos a qué se dedicaban cada una de ellas. Una estaba especializada en helados, otra en té, otra en tallarines, otra en sushi, otra en ramen, y así sucesivamente hasta ver todas. Nos entró ganas de algo dulce, Carlos de un helado ya que estaba sediento y a mí de un mochi, ya que lo he descubierto hace poco gracias a una compañera de trabajo.

Después de hacer algo de cola en una de las paradas que vendían lo que ambos queríamos, nos dimos cuenta que habíamos estado perdiendo el tiempo, porque se necesitaba primero hacer cola en otro sitio para conseguir un ticket y poder después hacer la cola para pedir. Nos desanimamos después de ese funesto descubrimiento, pero con ganas de comer algo japonés.

La noche era calurosa, pero apetecible para pasear por el centro de Barcelona. Recorrimos calles y callejuelas hasta llegar a un restaurante japonés: Machiroku muy pequeñito, pero acogedor y con un trato muy agradable, además japonés, japonés, no de esos que hay ahora que son medio chinos y tienen poco de cultura nipona. Después de degustar unos cuantos sushis, sobre todo de los que más me gustan a mí, los de salmón y de comer otras cosas que soy incapaz de recordar, llegó el momento del postre y pedí mi ansiado mochi, mi gozo en un pozo, no tenían.

Sin embargo, rematamos el día japonés en Barcelona de la mejor manera, dejándonos llevar por los olores de esa comida tan sabrosa, escuchando música alegre, tocando detalles con forma de totoros, viendo un ambiente mágico y degustando platos provenientes del Sol naciente. Un día redondo, con un toque de wasabi, como a mí me gusta. Esos son los días diferentes en la ciudad, esos que por muy pequeños detalles que haya, hacen grande y diferente un día.  





martes, 13 de junio de 2017

Ya tengo semáforos!

¡Ya tengo semáforos sonoros!


Hoy martes 13 de junio del 2017 es un gran día, porque parece que luchar, reivindicar, quejarse, insistir y persistir sirve para algo,  y por fin hoy he recibido sus frutos. Hoy la Avenida de Diagonal se ha activado y ha sonado cuando he cruzado. Casi no me lo podía creer. Siempre le doy al dispositivo que llevo colgado en el cuello, por si acaso ha llegado el día, y hoy ha sido ese día, en el que he ganado. He ganado: autonomía, seguridad y libertad, además de una sonrisa de oreja a oreja. 
 

MARTES 13 

    En España el martes 13 está considerado para los supersticiosos el día de la mala suerte. Sin embargo, para mí hoy martes 13 ha sido el día en el que la suerte se ha puesto a mi favor. Por fin, después de más de un año y medio solicitando al Ayuntamiento que pusieran semáforos sonoros, he conseguido que me hicieran caso y se pusieran las pilas. Desde hoy, si tenía un ápice de superstición con este día ha desaparecido por completo. 

LA LUCHA

Revisando todas las peticiones que he ido realizando he encontrado que empecé a solicitarlo el 28 de enero del 2016. Desde entonces,  continué solicitándolos a través de:
► - Teléfono del Civismo 900 226 226.
► - Realizando una recogida de firmas en el trabajo- con más de 1300 firmas-.  
► - Presentando instancias de forma personal.
► - Reivindicándolo en televisión (a partir del minuto 12).

 A través de diferentes redes sociales:
► - Twitter.
► - Facebook: con diferentes publicaciones que servían de desahogo.

Y a través de diferentes entradas en el blog:

Siempre que realizaba una petición al Ayuntamiento, ya fuera por la vía que fuese me contestaban que lo llevarían a cabo en próximas actuaciones. Pero, después de tener que cruzar por esa avenida tan transitada de vehículos de todo tipo, incluyendo tranvía y bicicletas, durante más de un año y dos veces al día obligatoriamente, para llegar a mi puesto de trabajo, hubo un momento que esa respuesta me hizo pensar que la actuación sería cuando me atropellasen o cuando ocurriera algo que les llamase la atención para actuar de una vez.  Sí, llegué a pensar que no se pondrían las pilas hasta que sucediera algún accidente.  
Llegaba al trabajo indignada, cabreada y con ansiedad, porque no es plato de buen gusto no saber si estás cruzando de forma segura o no, jugándotela cada día. En ocasiones, me han tenido que agarrar por la mochila, para que no fuera arrollada por el tranvía, en otras algún que otro grito para que me parase a tiempo, y en otras ocasiones me han pitado y esquivado coches. Me la he jugado, porque no siempre pasaba alguien a mi lado, quien lo hacía llevaba cascos, iba a lo suyo o me han ayudado de muy buen gusto, pero no siempre puedo depender de que alguien cruce esa avenida en el momento justo que debo hacerlo yo. 

La semana pasada tuve que volver a llamar al teléfono del civismo, para volver a solicitar un semáforo sonoro en mi barrio, y salió a la palestra el tema que más me preocupaba en ese momento: los famosos semáforos de la Avenida Diagonal. La señora que me atendió casi no daba crédito a lo que escuchaba, ella misma redactó un comunicado sobre mi situación, explicando todo lo que había realizado y la problemática con la que diariamente me encontraba. Siendo un cruce muy peligroso para todo el mundo, pero si no ves y no sabes cuándo debes cruzar es mucho más arriesgado cruzar. Además,  volvió a enviar la queja que justamente ese día había presentado sobre los semáforos de la Diagonal, argumentándolo un más , según me comentó al quejarme sobre la queja haría más efecto. También me instó a volver a llamar las veces que hiciera falta, si la respuesta no era óptima o si tardaban más de lo debido. A ella no se le ocurría qué más podía hacer, más de lo que ya había hecho. Simplemente me comentó que quizás ONCE, como organización que defiende los derechos de las personas con discapacidad visual podría ayudar, pero ya le dije que en su momento había hablado con ellos y me habían dicho que era un tema del Ayuntamiento de Barcelona.

No sé si gracias a esa señora que tanto se esmeró, si a tantas quejas, pero justamente al día siguiente recibí la siguiente contestación por parte del Ayuntamiento:

“Estimada ciudadana:



Respondemos a su comunicación recibida el 5 de junio de 2017 con código 7357FMX-02 sobre semáforos.


El de Diagonal, 177 está previsto instalarlo este mes de Junio.

Queremos agradecerle su comunicación, ya que consideramos que es muy importante que la ciudadanía participe y colabore activamente con el Ayuntamiento para mejorar los servicios municipales y la convivencia en la ciudad. Estamos a su disposición para futuras comunicaciones.

Cordialmente”


Sinceramente, después de tanto tiempo esperando no me lo creí, aunque algo dentro de mí sí que lo hizo, ya que era la primera vez  en todo este tiempo que me contestaban con una fecha en concreto, sin que fuera la típica respuesta de que se pondrían a ello en próximas actuaciones. Así que, dentro de mí algo de esperanza albergaba. De hecho, creo que nunca he perdido esa esperanza, porque si no, no le hubiera dado cada día al mando que activa los semáforos, si lo hacía era porque esperaba que algún día sonase.


EL GRAN DÍA 

Por fin, después de tanta espera ha llegado el gran día, el día en el que una vez más he apretado por apretar al dispositivo que activa los semáforos sonoros, pero esta vez con resultado. Cuando lo he escuchado he pensado que mis oídos me estaban jugando una mala pasada y lo que oía eran los semáforos de calles aledañas, esos que sí que suenan, pero que no están precisamente en una de las avenidas más conflictivas para cruzar de Barcelona. He esperado, y a la hora de cruzar la Avenida Diagonal ha empezado a sonar un pitido, el semáforo sonoro estaba en marcha y me anunciaba que estaba en verde para mí. Ha sonado como música celestial para mis oídos. Nada más cruzar la Diagonal con una sonrisa enorme y entrar por la puerta de mi edificio, casi que sin creérmelo aún, lo he anunciado. La chica de acceso, creo que ni me entendía, pero yo seguía diciendo que al fin el semáforo era sonoro, que ya lo habían puesto, que hoy lo habían colocado.

¡GRACIAS!

Desde aquí una vez más quiero agradecer a todas aquellas personas que han colaborado para que esto fuera posible. El Ayuntamiento ha actuado, pero no sé si lo hubiera hecho si no hubiera contado con todo el apoyo. Empezando por todos mis compañeros de trabajo que se sumaron a la causa, dejando su firma y la de familiares, para así solidarizarse conmigo y hacer que algún día pusieran el semáforo. Ese día ha llegado, y no solamente estoy agradecida a  todos los que firmaron, sino  a aquellos que llamaron también al teléfono del civismo, dejaron sus peticiones a través de la web, a quienes compartieron en redes sociales, a quienes gritaron con vídeos y comentarios su malestar con la situación, que era la mía, pero la hicieron suya. A todas aquellas personas que se preocupaban y me preguntaban mes sí y otro también cómo iba el tema. A todas las compañeras que han estado ahí esperando a que el semáforo estuviera verde y pudiera pasar, dándome el ok, para que cruzase con seguridad. A todos aquellos ciudadanos que me regalaron unos instantes, para cruzar junto a mí, o simplemente decirme si podía cruzar o no.
Me siento muy agradecida, porque todo el mundo se ha volcado con la causa.  Me siento muy contenta de estar rodeada de personas que ven que algo no es justo y te apoyan cueste lo que cueste.

Aún queda mucho por hacer, porque hay muchos semáforos que, desgraciadamente, aún no son para todos. Hay plataformas únicas que intentan modernizar una ciudad, pero lo único que consiguen es hacer que la ciudad no sea para todos y se convierta en una ciudad poco accesible. A veces, parece que estemos ante una ciudad que vive para el turista y no para el ciudadano de a pie. Sin embargo, aunque aún quede mucho por batallar, hoy hemos conseguido ganar.  Para algunos solamente pueden ser unos semáforos, algo de mobiliario urbano sin importancia, pero para mí era mucho más. Era ganar seguridad, autonomía, libertad y derechos. Creo que las personas  con discapacidad visual somos ciudadanos y pagamos nuestros impuestos, así pues necesitamos vivir en una ciudad que no sea para unos cuantos, sino que sea para todos. 




jueves, 8 de junio de 2017

Relato: El secuestro de los sentimientos

EL SECUESTRO DE LOS SENTIMIENTOS

No me puedo levantar de la cama, porque cada paso que intento dar es un paso en falso y me caigo. Me siento inútil, me siento que no valgo para ir ni al lavabo, pero ¿a qué lavabo podría ir? Si estoy secuestrada en esta habitación que tiene lavabo, pero como si no lo tuviera, ya que está cerrado con llave. Cada vez que quiero ir tiene que venir alguien a por mí, tengo a una guardiana vigilando todo lo que hago, y cuando digo todo es todo. No me siento libre para hacer lo que se me antoje. Tengo visitas restringidas. No puedo ver a mis padres, ni a mi hermano, ni a mi novio, si es que aún lo tengo. No puedo ver a nadie de los que formaban parte de mi entrono y no he cometido ningún asesinato. No he cometido ningún crimen, solamente ser quien soy, querer estar bien y cuidarme y ellos lo han visto como una amenaza, como dicen ellos: “una amenaza para ti misma, lo hacemos por tu bien”. Estoy de la maldita frase de lo hacemos por tu bien hasta las narices, cada uno podría mirar un poco más por ellos mismos y todo iría mejor, yo no me meto en la vida de los demás, porque suficiente tengo en ocuparme de mí misma.  Eso también me lo achacaban diciendo que me había vuelto muy egoísta, que solamente pensaba en mí, que no me importaba nada, ni nadie. Daniel me llegó a decir que ya no quería pasar tiempo con él, que solamente tenía tiempo para mí, que s i quería estar siempre sola era porque ya no le quería y tonterías de ese tipo. Parecía que él hubiera adquirido el papel de la novia que quiere más mimos y yo el chico que quiere pasar el tiempo viendo el futbol y estando con los amigos. Pero, yo ni estaba con amigas, ya que parecían que pensasen en otras cosas inútiles, ni estaba viendo el futbol, como mucho haciendo deporte, pero, ¿eso qué tiene de malo? Además, ¿no veía que si me cuidaba el cuerpo después estaría más guapa? ¿prefería estar con una vaca como yo? Pues, resulta que una vez esos pensamientos los dije en voz alta, y me dijo que prefería estar con una vaca, que solamente estaba en mi cabeza, porque era la persona de la que se había enamorado, que me veía en los huesos y le daba mucha angustia abrazarme. A ver si ahora quien no estaba enamorado era él.
Aquí tengo mucho tiempo para pensar, demasiado, y el hecho de pensar no es bueno, porque recuerdas cosas que, aunque no hayas matado te hacen sentir que lo has hecho. Como el día que entró mi madre en la habitación para decirme que ya estaba la comida y tuvimos una trifulca de las gordas, allí terminó llorando hasta el apuntador, porque mi hermano Sergio, de siete años, sin motivo aparente, al ver los nervios que reinaban en casa también se puso a llorar, y ¿quién era la culpable? Yo, y ¿por qué? Solamente porque les dije que no quería comer, no tenía hambre, tampoco es un drama. En otros países solamente comen una vez al día, y, aquí hay que hacer tres obligatorias y si no lo haces ya te miran como si tuvieras un grave problema y es por eso que estoy aquí secuestrada. Se piensan que porque aquí me controlen: qué hago en el lavabo, qué hago en el comedor, me calculen lo que como y esté atada a esta cama, me van a tener controlada, pero lo único que van a conseguir es alejarme más y más.
Hace más de un mes que no mantengo ningún tipo de contacto con el exterior, ni he podido hablar por teléfono, ni mandar un whatsap, ni nada de nada. El psicólogo dice que hasta que no demuestre un cambio de actitud seguirá siendo así, será mi recompensa. Pero, quizás lo que no entienden es que yo no quiero ver a nadie. Son ellos los culpables de este secuestro y todo porque soy menor de edad, si fuera mayor de edad y viviera sola, nadie se hubiera dado cuenta. Aunque no lo entiendo, porque en el comedor también hay gente de otras edades, incluso de cuarenta que están aquí. No lo entiendo. La mayoría de las que estamos aquí somos mujeres, pero casi todas queremos hablar con nosotras y no entablamos mucha conversación. El otro día se sentó a mi lado una chica que no paraba de hablar, no sé cómo tenía tantas ganas, parecía que llevase años sin abrir la boca, yo creo que era un juego, su estrategia era hablar y hablar, para que así se pasase la hora de comer y no le diera tiempo a terminarse el plato, pero debía llevar poco aquí, porque lo que no sabía es que no hay un cronómetro para comer, sino que hasta que no te terminas toda esa cantidad que te ponen no te dejan ni levantarte, por mucho que te estés meando, durante la hora de la comida, no dejan que nadie se levante, aunque te encuentres mal y estés a punto de vomitar, el otro día una chica arrojó todo encima del plato. No sé si fue una estratagema para no comerse lo que había en su plato, o es cierto que le dio mucho asco, pero le trajeron otro, así que eso tampoco sirve de nada. Es cierto, que desde ese día no la he vuelto a ver por el comedor, según dice la vecina de la habitación de al lado, ahora la tienen sin salir del cuarto y le llevan allí la comida.
He podido levantarme sin marearme y empiezo a contar los pasos, es lo que tiene el aburrimiento. En esta habitación que es toda blanca, insulsa y no hay nada qué hacer, me aburro mucho. No hay espejo, ni básculas, ni ordenador, ni libros….esto es un secuestro.   
Me da por pensar que este secuestro me está arruinando la vida por completo, me ha lan sesgado sin darse cuenta, por mucho que me sigan diciendo que es por mi bien, no se dan cuenta que es un año definitivo, un año en el que mi carrera está en juego. El año de la selectividad, el año que mejor notas estaba sacando, porque, al contrario de lo que pensase Daniel, lo que hacía era estudiar duro, para poder sacar una buena nota en selectividad y dedicarme a la medicina. Pero ahora todos los sueños se han hecho añicos, los intento recoger y vislumbrar algo de positivismo, pero no lo veo por ninguna parte. Se me hace un nudo en la garganta y me aprieta tanto que la amargura me sale por todas partes, nariz y ojos, y no tengo ni un miserable pañuelo. La rabie se apodera de mí y grito: “¿Qué os pensáis que me voy a comer los pañuelos?” ¿por qué no hay ni un rollo de papel higiénico?” 
Enseguida mis gritos despiertan a las compañeras y se forma un revuelo en mi habitación digno de espectáculo televisivo, hasta que las enfermeras vienen con un doctor y no recuerdo nada más. Al día siguiente con el psicólogo me pide una explicación, esta cabreado, pero yo también lo estoy, si se piensan que estoy enferma, voy a acabar enferma de verdad, voy a enloquecer.  Él sigue mirándome muy serio.
-        Ana, tienes 17 años, pesas 32kg estás enferma.- me lo dice serio, preocupado y con mucha rotundidad, pero me lo diga cómo me lo diga, sé que no es verdad. Al no contestarle, no quiero hablar, él prosigue.- Sé que no me contestas, porque piensas que no lo estás, pero y si no lo estás, ¿desde cuándo hace que no te viene la menstruación? ¿por qué te has qué se te cae tanto el pelo? ¿por qué no te aguantas casi en pie? ¿por qué..
-        ¡Basta! ¡Basta! ¡Basta!- y otra vez el maldito nudo que me ahoga la garganta y hace que mi rabia y mi impotencia se expresen…
La sesión concluye con un sabor amargo y salado, yo creo que más que bien me hace mal ir ahí, porque me siento peor cada vez que voy, pero no es algo optativo, así que esto debe formar parte del secuestro y debe ser parte de la tortura. Me ha mandado deberes y parte de esos deberes es escribir y desahogarme. Me ha dado una libreta, otra nueva, para que cuente porqué creo que estoy enferma. No les entra en la cabeza que yo no creo, ni estoy enferma, es cosa de los demás, pero ellos siguen pensando algo que yo también debo creer. Se me ocurre que como a los locos les debería seguir la corriente y así quizás me dejan salir de esta cárcel. Mentir desde hace unos meses se convirtió en un arte, incluso utilizaba una libreta para apuntarme algunas, ya que no quería que me pillasen infraganti y tuve que aprender a recordar, ahora podría hacer lo mismo escribir la historia de arrepentimiento nunca jamás escrita y ser la niña que quiere volver a ser la que era. No es ser mala, simplemente es hacerles creer lo que ellos quieren oir, cuando alguien oye lo que quiere, ya te dejan en paz.  Esta noche comenzará el plan.  
Pero, Sandra, la chica de la habitación de al lado, con quien más confianza, entre comillas, tenía,  llamó a la puerta, le dejé pasar  algo extrañada, porque aunque fuese con quien más  hablase e incluso a la que más cosas sobre mi vida le había contado, pero tanto como para pasar por la noche de habitación en habitación, pues no. Estaba llorando así que le invité a pasar, si quería hablar, pues tampoco tenía nada mejor que hacer, así que le escucharía. Cuando pude entender algo, entendí que su mejor amiga en el centro, Ariadna, la chica que era muy charlatana y llevaba poco había desaparecido. No entendía nada, ojalá hubiera prestado más atención a aquella chica y me hubiera contado cómo salir de esa pesadilla. Y, al final, lo entendí todo, entendí que solamente había dos formas de salir de ese maldito secuestro por las buenas o por las  malas y ella había decidido hacerlo por las malas, no había resistido más esa tortura y no llevaba ni un mes. No sé si la edad, aunque solamente era dos años menor que yo o simplemente la impotencia de estar encerrada y no poder hacer lo que más ansiaba que era comer y comer había podido con ella, pero Sandra entre lagrimas me dijo que no quería que acabásemos como ella. Ariadna había querido terminar con todo aquello poniendo punto y final al espejismo que vemos todas, no aguantó más. Después de un rato de charla con Sandra me quedé sola en la cama, con la luz apagada y solamente arropada por un nórdico y mis pensamientos. No pegué ojo en toda la noche, reflexionaba sobre lo ocurrido la visita inesperada de Sandra, su estado y sobre todo el shock de que alguien prefiera abandonar esta vida, porque le han querido encerrar aquí por el famoso por su bien. De repente, pensé que yo no podía acabar como ella, tenía que salir de ahí por la puerta grande, porque yo no había hecho nada, no quería acabar con mi vida, porque tenía muchas cosas por delante. Sergio mi hermano siempre decía que cuando fuera mayor tenía que ser doctora que él me veía operando y yo sonreía, pero ¿y ahora dónde estaba esa sonrisa? ¿dónde estaban esos sueños? ¿Dónde estaba Sergio? Me dí cuenta que en todo ese tiempo no había reservado ningún hueco para pensar en mi hermano, mi pequeñajo, el que siempre me sabía dibujar sonriente en sus dibujos y en la vida real. Puede que por ello, por no pensar en él no hubiera sabido sonreír, pensé que no tenía motivos para hacerlo, pero tenía una familia, gente que me quería, les habría defraudado, pero lo difícil no es caerse es levantarse. 

Y sí, empecé a rellenar la libreta del psicólogo, pero no con la estratagema que pensé que sacaría de ahí, sino con los sentimientos que parecían haberse desvanecido con mis kilos, pero que aún estaban ahí. Quería salir, era la primera vez que quería salir del centro hospitalario, para estar como una profesional y no como una paciente más, quería estar en mi casa con los míos, quería seguir viviendo. Es muy fuerte que, a veces, hasta que no sucede algo lo suficientemente grave, aunque no sea a ti, pero a alguien que conoces, no sepamos tomarnos la vida en serio. A pesar de que me pareció algo cobarde la reacción de Ariadna, solamente ella y su situación sabe porque lo hizo, pero a partir de ese momento despertó en mí sentimientos olvidados y un cambio de actitud que ni recordaba tener. 

lunes, 5 de junio de 2017

ESTRENANDO LA PLAYA PARA PERROS EN BARCELONA

PLAYA DE PERROS EN BARCELONA Y MÁS ZONAS PARA PERROS
 
   
Este fin de semana ha sido el primer baño de la temporada de la pequeña peluda Kenzie. Desde el año pasado hay una playa para perros en Barcelona, bastante cerca de casa. Crearon una playa para perros, en la misma playa del Llevant en Barcelona.  A pesar de que la inauguraron el año pasado, 2016,  aún no habíamos tenido  la oportunidad de ir, ya que el año pasado fuimos en pleno verano y con el éxito que tuvo, la novedad y lo pequeña que es, no pudimos ni ientrar. Estuvimos haciendo cola durante quince minutos, pero hacía mucho calor y no puede ser que los perros estén muriéndose de ganas por entrar, estando atados y además con un calor insoportable, sin ninguna sombra, así que nos fuimos, y Kenzie se quedó con su gozo en un pozo, sin entender por qué estando tan cerca del mar no la habíamos podido soltar.  



Este año se ha vuelto a abrir en las mismas condiciones, el mismo espacio cercado, con una capacidad máxima de cien perros, con controles antes de entrar, le miran con un aparato que lleve el microchip y una vez comprobado te dejan acceder al recinto. Sin embargo, se abrió al público, y en  especial a los canes el pasado 1 de junio, así que como hace poco que se ha abierto y como ya no es tan novedoso, y teniendo en cuenta que el día estaba medio nublado, tuvimos suerte y no tuvimos que hacer nada de cola para poder entrar.   

Distintivo de playa para perro: huella de perro


La verdad es que a simple vista puede  resultar un recinto bastante pequeño para todos los canes que hay en Barcelona ciudad, sin embargo nos sorprendió gratamente. Primero, porque tuvimos la suerte de no tener que hacer esperas a la hora de entrar, segundo porque estaba todo muy limpio, y tercero porque todos los dueños se hacían responsables en todo momento de sus peludos, tal y como debe ser.  Eso sí, sigo considerando que el espacio no es lo suficientemente amplio para todos los peludos que hay censados en la ciudad. Además todo el espacio está cercado al estilo  de vallas como si fuera una área para perros, con su puerta que se tiene que cerrar y todo eso, sin embargo una vez van al mar cabe la posibilidad que se vayan hacia la zona de bañistas, ya que solamente hay una cuerda para delimitar la zona y como que los perros no saben para qué es eesa cuerda.
En más de una ocasión Carlos se tuvo que levantar para ir a buscar a Kenzie y que volvierá a su zona.  Salvando esos pequeños contratiempos, se lo pasó como una cacchorra, aunque ya no esté para tantos trotes, más de un remojón se dio  e incluso nos deleitó con su croqueta habitual de cuándo va a la playa.   

Sigo pensando que la zona no debería ser tan limitada, a pesar de que esté muy bien para llevar controles, para su limpieza e higiene. Sin embargo, teniendo el éxito que tuvo el año pasado deberían pensar en ampliar el área, para que cupieran más canes y pudieran disfrutar todos  de esa zona sin molestar a nadie. Eso sí, esta vez no  me puedo quejar de nuestra experiencia, porque pudimos entrar sin esperas, no estaba a tope y me gustó el control a la hora de acceder y lo  limpio que estaba. Además de contar con  servicios de duchas para perros, fuentes  y tener la seguridad que no se pueden escapar del recinto, al no ser que lo hagan nadando. 

No me queda otra que esperar a que el Ayuntamiento en vistas del gran éxito que tuvo esta iniciativa canina se ponga las pilas y haga más zonas como estas, además de si es posible ampliarla, porque se merecen un área más grande para que corran a sus anchas. Cada vez hay perros censados en la ciudad, y  hay que tener en cuenta que en verano es cuando más calor pasan, así que también necesitan un lugar para darse un  baño y refrescarse junto a sus dueños. Eso sí, hay que recordar  que no es aconsejable ir  en las peores horas de calor sofocante, porque los perros, por muy nadadores que sean, por mucha agua que beban también se pueden deshidratar, así que evitemos las horas punta de calor máximo, entre las 12 del mediodía y las 16h para que no lo pasen tan mal, que si vamos a lugares como la playa con ellos es para que disfruten un rato con nosotros.



MÁS ÁREAS PARA PERROS


Ahora ya sabemos un lugar más donde llevar a Kenzie, a pesar de que sus achaques de la edad no le permitan correr y nadar como lo haría unos años atrás, también tiene derecho a divertirse aunque sea un ratito. Nos encanta verla disfrutar, como a cualquier dueño le gusta ver correr libremente a su can. Es por ello que me gustaría que en Barcelona, a pesar de que haya creado esta playera para perros, también hiciera más zonas para nuestros peludos. Por ejemplo, en mi barrio no hay ninguna zona para  perros, una zona cercada, limpia y exclusivamente para perros. Cuando puse una queja en el Ayuntamiento me empezaron a enumerar las que había en el distrito, pero no es lo mismo, porque cerca de casa no tengo ninguna área donde poder soltar a Kenzie con la seguridad de que no se va a escapar, se va a perder, le van a atropellar, ni nos van a multar por tenerla suelta  y estando  a sus anchas. Reclamo más zonas para perros porque se lo merecen, como ya hice en su día redactando esta entrada: Área para perros.