BIENVENIDOS A LA MALETA DE PILI:

Una maleta cargada de ilusiones, aventuras, anécdotas, sorpresas, recuerdos y mucho más…







lunes, 25 de septiembre de 2017

Cediendo la palabra a Kenzie por su 10 cumpleaños



CUMPLEAÑOS DE KENZIE: 10 AÑOS 


  El 18 de septiembre Kenzie, mi perra guía, cumplió 10 años. Una década en esta vida no se cumple cada día. Son más de 3650 días en este mundo, son más de 87.600 horas, y no sigo, porque no son las cifras lo que componen el álbum de los recuerdos, sino que son los momentos. Junto con Kenzie, a pesar de no conocerla cuando ella nació, he vivido muchos instantes, algunos alegres y otros no tantos. Ella me ha dado mucha libertad, seguridad, pero sobre todo un cariño que, sin buscar nada a cambio, te lo da todo y más. Tiene días mejores, otros de rebeldía, pero al fin y al cabo es ella. Ella desde que la conozco tiene mucho carácter y cuando se le mete algo en la cabeza, cuesta mucho sacárselo. Es muy testaruda, como la dueña, es cariñosa, pero sin ser empalagosa y es muy centrada cuando tiene que serlo.

Kenzie de pequeña

Ahora a petición de ella, le cedo este espacio para que deje unas palabras. 

Palabras de Kenzie

Dicen que he cumplido 10 años, pero sinceramente no voy contando los años que voy cumpliendo. Muchos humanos se piensan que tengo 70 años. Cuando le preguntan a Pili cuántos años tengo, enseguida hacen una multiplicación por siete y se asombran, diciendo que entonces es como si tuviera tal edad u otra. No entienden que no todas las razas de perros tenemos la misma edad, y si no, mirad este enlace.  
Realmente me da igual qué edad tengo, solamente sé que me voy haciendo mayor. Hay veces que ya no sigo el ritmo a otros perros tal y cómo me gustaría hacerlo. En otras ocasiones, sí que doy unas carreras tremendas, dignas de mis años de cachorra, pero después si Pili no me da una pastilla a tiempo, todo mi cuerpo se queda entumecido y después mis patas no responden como siempre. A veces tengo muchos dolores de espalda, otras de patas y parece que cojee, por suerte se me pasa y no es algo permanente. Llevo meses que tengo problemas de oído, me pica, me duele, según he escuchado es una otitis provocada por una alergia. Por suerte, aunque no me guste nada ir al veterinario, cuando voy, me ponen un líquido que me alivia bastante y mejora mucho mi calidad auditiva y parece que los dolores desaparecen.  A parte de estos achaques de la edad, no me puedo quejar de nada. Me dan muchos mimos, y solamente tengo que guiar a Pili, que es algo que me enseñaron a hacer casi desde que nací, creo que ir sin arnés es algo raro para mí. Aunque también me lo quitan, en casa estoy sin él, y tengo mis días de fiesta y, por supuesto, mis momentos de diversión en el parque. Cuando llego al puesto de trabajo de Pili, me quita mi uniforme, el arnés, y me quedo casi todo el rato durmiendo en mi cama, así que repongo fuerzas, para cuando tengo que guiarle. Hay veces que se enfada porque voy recogiendo palitos que hay por la calle, pero yo no le digo nada a ella cuando va masticando un caramelo, así que no debería decirme nada. Aunque reconozco que, a veces, es tan fuerte la tentación que me tiro de cabeza a por aquello que me llama la atención, pero es que no lo puedo remediar. Me gusta cuando voy con mis abuelos, los padres de Pili, porque con ellos sí que voy limpiando el suelo y encima le dicen a Pili que me tiene muerta de hambre, no puedo disimular la gracia que me hace y empiezo a mover la cola.
Ahora que dicen que he cumplido una edad tan redonda y significativa, me gustaría lanzar la vista atrás y ver todo lo que me ha ocurrido:
Nací en Estados Unidos, en la escuela Leader Dogs for the Blind. No pude estar mucho tiempo con mi madre, ya que con meses me llevaron con una familia humana. Estuve con Terry Mackay y su familia en una casa cerca del lago Michigan, donde, por cierto, me encantaba darme unos fabulosos baños. Fue genial ser cachorro y corretear en el campo, me llevaban a todas partes, y tenía que ir con un chaleco que me favorecía mucho.  
Más tarde la cosa se complicó, me separaron de la familia que tanto cariño y tantos buenos ratos me habían regalado y tenía que ir a una escuela. Parecía que todo lo bueno se acabase, hasta que en la escuela me encontré con mis hermanos: Molly, Lily y otros. Además me dí cuenta que no todo era seguir las instrucciones absurdas de un humano que era muy severo y me llevaba por las calles, sin dejarme suelta, sin correr y sin que pudiera coger nada del suelo, también había momentos para disfrutar, correr y jugar con otros compañeros. Según decían íbamos a ser futuros perros guías. Yo no sé qué significaba, pero era divertido, porque si seguía las directrices que me marcaban y lo hacía bien, me daban una galleta, una chuche o una caricia, y eso me motivaba cada día a superarme más y más. Fueron pasando los meses y el instructor salía a la calle con algo que le tapaba los ojos, y, entonces es cuando teníamos que trabajar mejor y mejor, porque si no se podía hacer daño. A provechando que no veía intentaba hacer trampas y llevarlo por donde se me antojase, o incluso coger algo de comida que viera en el suelo, pero él enseguida lo sabía y me reñía, así que tuve que mejorar mi comportamiento.  
Los días fueron pasando, hasta que en marzo de 2009 conocí a Pili. Ese día estábamos muy alterados, porque nos iban sacando de las perreras de uno en uno, y a mí tardaron mucho en sacarme, pensé que me quedaría ahí sin nadie.  Por suerte, llegó Ana Williams, quien me había enseñado a ser una buena perra guía, y como de costumbre me llevó a correr, para que gastase energías. Mi sorpresa fue que el camino de vuelta no fue el de cada día, y me dirigió al edificio misterioso, en el que había muchos humanos. Ella se acercó a una puerta, llamó, y en esa habitación, desconocida para mí, estaba un instructor que había visto en ocasiones, una intérprete, quien traducía todo lo que los instructores decían a un idioma desconocido para mí,  y una chica que estaba casi llorando y emocionada por mi presencia, esa resultó ser Pili. Yo nada más quería descansar, pero ya que me ofrecía galletitas, me acerqué a ella. Esa noche, Pili, sin casi conocerme durmió conmigo en la colchoneta que tenía para mí. No me desagradó, pero no entendía el porqué.  Me gustaba estar con Pili, porque no era tan severa, y en más de una ocasión le robé de los bolsillos algún que otro pañuelo, eso me llevó a la fama, y los otros humanos me llamaban: “La pañuelos”. No es que fuera mala, a eso se le llama aprovechar la oportunidad, y si había un pañuelo de papel que sobresalía de un bolsillo, si veía uno en una papelera, o en el suelo era la oportunidad, no era solamente para comérmelo, sino para masticarlo y saborearlo. Los humanos no entienden esa costumbre, que aún rememoro cuando alguna servilleta de algún bar cae cerca de mis patas, pero es algo muy sabroso y me trae muchos recuerdos, me hace sentir como si aún fuera una cachorro, y hay cosas que nunca cambiarán.  
Pili era tan cabezota como yo, pero por no hacerme caso en algún que otro recorrido, algún golpe se llevó y entendió, o al menos eso espero, que a pesar de que tuviera resto visual, no tenía que hacerle caso, que para eso estaba yo. Creo que con los años, lo ha entendido, porque a veces miro para atrás y me ha dado la sensación que va con los ojos cerrados, y eso me encanta, porque demuestra una confianza en mí que me hace sentir muy bien y orgullosa. Además si ella va relajada y no va tensa e insegura, yo también puedo ir tranquila y sin preocupaciones, ya que por la correa se trasmite todo.
Tuvimos suerte y nos graduamos las dos, ella como usuaria de perro guía y yo como su perra guía. Viajamos a España, un país que nunca había estado y en el que hablaban otro idioma, pero el mismo que el de Pili, así que enseguida me fui familiarizando con algunas palabras como: “calle”, “metro”, “mama”, “papa”, “comer”, “agua”, entre otras. Cuando llevaba un año y medio en Barcelona, Pili junto con Carlos tomaron la decisión de cambiar de aires. En octubre de 2010 nos fuimos a Irlanda. En Dublín disfruté mucho, comiendo nieve, corriendo y trotando con hierba de por medio, jugando con otros perros, escuchando mi idioma natal y teniendo un jardín solo para mí. Por supuesto, cabe destacar que en más de una ocasión me bañé en un río pequeño que había, aunque hubiera hielo. Lo que no me gustó tanto de esa época fue que siempre me mojaba, si no era porque nevaba, era porque caía una tormenta y si no un chubasco, pero siempre llovía. Nuestra etapa por Dublín duró un año. Así que a finales de 2011 ya estábamos de vuelta en la ciudad de Pili, Barcelona.  Unos años después, en 2014, Pili y yo nos metimos en otra aventura juntas: viajando por muchos rincones de España, conociendo a mucha gente y realizando actividades peculiares, fuera de nuestra rutina. Íbamos acompañados por un equipo que siempre iban con nosotras y en muchas ocasiones nos hacían repetir una y otra vez las mismas secuencias, tenía que guiar a Pili en un recorrido muy pequeño, volvíamos al punto de origen y decían que lo volveríamos a hacer, yo no entendía nada. Unos meses después salíamos por la tele en un programa que se llamaba “Con mis ojos”.

Los años han ido pasando, a veces con alegría y diversión, y en otras asistiendo a despedidas de seres queridos. Me gusta haber conseguido mi objetivo y ser una perra guía, me gusta estar con quienes estoy y seguir realizando mi función para sentirme realizada y conseguir la recompensa diaria: seguir trabajando lo mejor posible para llevarme mi galletita diaria.
Los años han pasado, lo sé, y parece que después de tantos cambios  que he sufrido durante toda mi vida, la cosa se ha estabilizado. Tengo una familia desde hace años que me quiere, un hogar, una rutina, un sitio donde ir y sobre todo alguien a quien guiar.

Gracias a todos los que de algún modo u otro habéis formado parte de mi vida, es de bien nacidos ser agradecidos. Yo me siento muy agradecida de haber vivido tantas experiencias, pero aún me queda mucha guerra por dar. Así que me da igual que sean 10 años, que sea una cifra redonda, que sean muchos, me da igual, porque aún, a pesar de los achaques, tengo mucho que dar, mucho que aprender y mucho camino por recorrer.  

Os dejo con un vídeo que me han preparado Carlos y Pili para mi cumpleaños. 


viernes, 15 de septiembre de 2017

Nuestro Próximo viaje

A menos de un mes para las vacaciones

Muchos son los que ya regresan de sus vacaciones, otros ya lo hicieron y otros se preparan  para la vuelta al cole. Para nosotros, sin embargo, la rutina hace tiempo que está instalada en nuestro día a día, porque no hemos tenido aún vacaciones. Pero, ahora que todos vuelven a esa rutina de volver a empezar, cuando ya estén todos instalados, nosotros nos iremos. Para irnos de vacaciones, aún faltan unas semanas, pero el tiempo pasa volando. Después de esperar más de un año a que llegasen esas ansiadas vacaciones, ahora ya se empieza a vislumbrar de forma más cercana esos días tan esperados.  Ahora ya no vemos las semanas como una más, sino como una menos, para que llegue nuestro último día y poder desconectar. Es necesario poder salir de la cotidianidad, del madrugar para darlo todo en el trabajo, de que todos los días parezcan iguales aunque no lo sean.

Vacaciones a la vuelta de la esquina y nuestros destinos

Ahora vemos que octubre está más cerca que nunca, que septiembre entre los cinco días laborables y algún que otro día festivo, pasará volando, y entonces será cuando nosotros volaremos. Este año no solamente desconectaremos en nuestras vacaciones, y, precisamente, relajarnos  lo que se dice relajarnos, no es que lo vayamos a hacer mucho. Sin duda, romperemos las normas de la rutina y nos lanzaremos a descubrir una nueva cultura. Iremos a un continente que aún no conocemos, en el que nunca hemos estado. Es hora de que diga  qué destino hemos  elegido este año. Y el destino no es uno, si no dos. Dos países asiáticos. Por un lado iremos a Japón, para visitar algunas de sus principales ciudades, y después iremos a Seúl, Corea del Sur.    




Corea del Sur banderaJapón bandera


Expectantes, ilusionados y planificando

Tenemos muchas  ganas de emprender esta nueva aventura que, aunque sean unos días, ya  es mucho, porque  nos apetece mucho conocer  aquellos países que parecen tan lejanos, con culturas tan diferentes y con un idioma que no es el nuestro. La incertidumbre, los nervios y las ganas están a flor de piel. Ahora, aunque aún quede tiempo, estamos rozando el momento de  iniciar ese viaje, estamos en el momento de los preparativos. Es decir, nosotros ya hace tiempo que tenemos los vuelos, los hoteles, entre otras cosas, pero ahora toca el momento de planificar qué visitar, qué ver y cómo administrar nuestro tiempo para exprimir a lo máximo nuestros días por allí. Esos planes pueden cambiar  por miles de motivos, por circunstancias que no controlemos, por nosotros mismos, o porque sí, pero al menos llevar una idea de qué hacer por allí. Después lo cumplamos o no, ya será otro cantar, que para eso estaremos de vacaciones.   

No sabemos cómo irá, pero de lo que no cabe duda es que estamos expectantes, ilusionados y con ganas de emprender la odisea asiática. No sabemos si el jet lag yendo en contra del reloj y llegando un día después de la salida de nuestro nos afectará, si hará buen tiempo, si nos entenderán- ya que nos dicen que el inglés no lo dominan-, si podremos pagar con tarjeta de crédito, si nos aclararemos con el cambio de moneda, si perderemos algún tren, si nos perderemos, si comeremos bien, si el alojamiento nos gustará, pero todas esas incógnitas se desvelarán en unas semanas, cuando ya estemos pisando las calles del sol naciente.  


Yendo por libre

A nosotros siempre nos ha gustado ir por nuestra cuenta. No nos gustan  los viajes organizados, y sé que  estoy hablando sin un buen juicio, ya que nunca lo hemos probado. Sin embargo, por tal y cómo somos, no nos gusta ir siguiendo a todo el mundo e ir con horarios marcados. En tal caso,  si hay horarios marcados que sean los que nos  ponemos nosotros, o, los que vuelos, trenes u otros transporten  nos imperen. No digo que esté mal ir en grupo, porque seguro que las explicaciones y la organización son magníficas. Pero, nosotros debemos ser más de ecuaciones y nos gusta más resolver las incógnitas por nosotros mismos, si no tenemos que perder, nos perderemos, pasaremos nervios, descubriremos cosas imprevistas, pero serán anécdotas que rellenarán el álbum de los recuerdos de aquel viaje. Tiene mucha más gracia, aunque  también requiere de mucho más tiempo,  el tener que planificar y organizar todo, pero también forma parte del viaje el tener que informarse de todo y empaparte de información. No seremos guías, ni recordaremos todo lo que hayamos leído, pero una vez estemos lo recordaremos  y nos hará mucha más ilusión estar en aquel sitio del que tanta información vimos, que tan poco sabíamos, o algo de lo que ni habíamos escuchado hablar, pero que nos llamará la atención. Deteniéndonos todo el tiempo que queramos en mirar un árbol, una hoja caída, en tomar un café espumoso o ir de compras. Son nuestras vacaciones, nuestro tiempo y nos lo distribuimos como queremos. Sin agobios, con relajación para poder disfrutar de todos los momentos, pero sin dormirnos en los laureles, para cumplir con  nuestros propósitos. Si éstos son muy ambiciosos  y no logramos ver todo lo que queremos, tendremos la excusa perfecta para volver.

El porqué de los destinos y la época para viajar allí

Antes de elegir destino.
A Carlos siempre le ha llamado  la atención Japón, no solamente por el tema de las consolas, ni por el anime, que también, si no porque le gusta la cultura tan diferente a la nuestra. Además a los dos nos gusta mucho su gastronomía, a pesar de que siempre fui un poco reacia a lo de comer pescado crudo, una vez pruebas el sushi te engancha. Aunque no todo es sushi, si no que hay mucho más: algas,  wasabi, soja, fideos, el ramen, mochis, etc…  

A pesar de que él siempre había querido ir, ni siquiera nos lo habíamos planteado, siempre surgía otro destino que se anteponía al de Japón. Sin embargo,  el año pasado ya empezamos a barajar la posibilidad de lanzarnos a la aventura asiática. Y, sin ir más lejos, este año  no celebré el nuevo año comiendo las famosas doce uvas como he hecho todos los años. Este año me atreví con doce guisantes de wasabi. Este aperitivo lo descubrí gracias a unas
Guisantes de wasabi
compañeras de trabajo y me encantó, no para comerlo a puñados, ni cada día, pero para de vez en cuando y alternándolo con otros frutos secos, están muy bien. Cabe decir que no solamente me comí los doce guisantes picantes, sino que  cuando eran  las doce en Canarias, la una en mi ciudad, volví a comer mis tradicionales doce uvas. Sin embargo, el comer los doce guisantes asiáticos, como si de un punto de inflexión se tratase, como si en esos últimos segundos que lo decidí, no solamente decidiera cambiar la rutina, la tradición y lanzarme a por el wasabi, fue algo más. 

Durante el año  lo fuimos hablando, perfeccionando el plan y lanzarnos a  por el viaje. Estuvimos mirando  información, precios y vimos que era asequible, que nos lo podíamos permitir, para ello era necesario hacerlo con tiempo. También deberíamos saber qué época para ir era mejor. Leímos que tanto en primavera como en otoño son las mejores  estaciones para ir, ya que la temperatura acompaña al visitante. En primavera quizás es la mejor temporada para adentrarse en Japón, ya que está la celebración del Hanami, que es la contemplación del florecer de los cerezos. Sin embargo, si queríamos organizarlo con tiempo, y teniendo en cuenta que el tiempo pasa volando, era mejor dejarlo para otoño que, aunque no  vayamos a ver cerezos en flor, sí que podemos ver otro tipo de cosas que nunca hemos visto.   

Este año aunque no fuimos al famoso festival en Japón, sí que fuimos a un festival japonés en Barcelona,  Festival Matsuri, para adentrarnos un poquito más en la cultura y tradiciones del país que vamos a visitar en breve. 

Nuestra ruta

En principio pensamos en hacer solamente Japón, pero tenemos una buena amiga en Corea del Sur, Seúl que ha venido a visitarnos, y si a ella ha hecho un viaje tan largo para vernos es justo que nosotros también lo hiciéramos. Así que viendo que la distancia entre un país y otro no era muy grande, pensamos  en realizar los dos países. No sé si es mucho trote para tan pocos días, pero  ahí radica la aventura de visitar lo máximos posible. Al querer visitar más de una ciudad en Japón, aunque sabemos que Tokyo da para días y días, pensamos en hacer una ruta empezando por el norte, desde Tokyo e ir bajando, bajando y llegar hasta Fukuoka. En Fukuoka teníamos la idea de coger un ferry hasta Busán, una ciudad costera del sur de Corea del Sur. Ese era nuestro plan inicial, pero después descubrimos  que el ferry no era tan buena opción, ya que tardaba más de lo que pensábamos y además era mucho más caro que un vuelo directo a Seúl. Nos dejamos de aventuras marinas y nos dejamos llevar por el aire, comprando los billetes de Fukuoka a Seúl. No sería tanto ajetreo ir directamente, porque si no, tendríamos que ir subiendo desde el sur de Corea al norte hasta llegar a Seúl que es  dónde está nuestra amiga. Aprovecharíamos mucho más los días estando en la capital de Corea del Sur, que estar apenas dos días y volver para casa. 

Nuestra idea es visitar: Tokio, Kioto, Osaka, Hiroshima, Miyahima, Fukuoka y Seúl.  

Corea del Sur y Japón


Si alguien ha estado en alguno de todos estos sitios y quiere dejarnos recomendaciones serán más que bienvenidas. Si habéis estado en Japón o Corea del Sur y nos queréis contar vuestras experiencias, vuestras rutas o cualquier consejo, adelante, tde todo se aprende, y nosotros somos primerizos. He de decir que la web de japonismo nos está ayudando mucho a la  hora de informarnos y de planificar nuestro viaje.


lunes, 11 de septiembre de 2017

10 libros para 10 ciudades


10 Lecturas para Saboreando Libros


En Saboreando Libros estamos organizando una votación, para elegir la próxima lectura en común. Mañana día 11 de septiembre es el último día para dejar vuestras lecturas favoritas. Siempre damos la opción de dar tres puntos: tres puntos para el libro que más te guste, dos para el siguiente y un punto. Además, así hay más emoción, y a pesar de que hay que contar, para saber qué libro es el ganador, hay más intriga y no se sabe hasta el final, porque a veces por un punto puede desequilibrar la balanza. También ha ocurrido en ocasiones que ha habido empate y hay que desempatar, pero eso suele pasar más con el segundo y el tercero. A veces, también, para no marear a la gente con propuestas y votaciones, después con los libros que han quedado en tercera y segunda posición, pueden servir para hacer las siguientes lecturas en común.

En esta ocasión la temática es sobre ciudades, ya que es la vuelta a la rutina, a tu ciudad, la vuelta a casa. Surgieron de un enlace lecturas sobre las 52 ciudades españolas, uno por cada una. Sin embargo, era una lista demasiado amplia como para llevar a cabo una votación de esos. Así que hicimos una preselección y finalmente quedó una lista de 10 lecturas.

A continuación os dejaré la lista con las ciudades, título, autor y reseña de cada libro. Si os gusta alguno y os apetece participar, no dudéis en pasar por Saboreando libros  para dejar vuestros votos. Y si no llegas a tiempo y quieres ver  qué libro ha sido el que más puntos ha conseguido, también, anímate a pasarte y dejar tus comentarios. Es muy entretenido ver las opiniones de cada uno a medida que  vamos leyendo la misma historia. 

10 Libros para 10 ciudades españolas


       1-     Huesca- Donde duermen las aguas de Lorenzo Mediano.
Una joven maestra de Zaragoza llega a Biescas de Obago, un tranquilo y apartado pueblo de los Pirineos. Pero pronto descubrirá que bajo la aparente quietud se esconde una oscura trama. Sin desearlo, se encontrará sumergida en una lucha desesperada por salvar la naturaleza, por salvar su vida, por salvar su amor. La trama de esta novela está basada en hechos reales, aunque se han cambiado algunas circunstancias para preservar la intimidad de los protagonistas y, sobre todo, para no poner sus vidas en peligro. Los topónimos, nombres de personas, de casas y de empresas han sido modificados.

        
       2-     Cantabria- El puerto escondido de María Oruña.
Oliver, un joven londinense con una peculiar situación familiar y una triste
pérdida, hereda una casona colonial, Villa Marina, a pie de playa en el pueblecito costero de Suances, en Cantabria. En las obras de remodelación se descubre en el sótano el cadáver emparedado de un bebé, al que acompaña un objeto que resulta completamente anacrónico. Tras este descubrimiento comienzan a sucederse, de forma vertiginosa, diversos asesinatos en la zona (Suances, Santillana del Mar, Santander, Comillas), que, unidos a los insólitos resultados forenses de los cadáveres, ponen en jaque a la Sección de Investigación de la Guardia Civil y al propio Oliver, que inicia un denso viaje personal y una carrera a contrarreloj para descubrir al asesino. 

      
      3-     Toledo- Lo que encontré bajo el sofá de Eloy Moreno
¿Qué ocurre al mover un sofá? ¿Y al mover una vida? Es posible que en ambos casos encuentres algo parecido: recuerdos que ya esperabas, otros de los que ni te      acordabas y alguno que no hubieras deseado encontrar nunca? de esos que se convierten al instante en secretos.Cuando en enero de 2011 Espasa publicó El bolígrafo de gel verde, los lectores se encontraron con un libro que ya empezaba a triunfar en las redes sociales pero cuyo contenido era un misterio. Dos años después, ya consagrado, su autor, Eloy Moreno, publica su segunda y esperadísima novela. De nuevo, el ?de qué trata? es lo de menos, porque hay historias que no pueden resumirse en unas líneas.

      4-     Valladolid- Memento Mori de César Pérez Gellida
Septiembre de 2010. Aquella mañana de domingo nada le hacía presagiar al inspector de homicidios de Valladolid Ramiro Sancho que acababa de dar comienzo una pesadilla que lo dejaría marcado para el resto de sus días. La investigación del asesinato de una joven ecuatoriana a la que le han mutilado los párpados y cuyo cuerpo han encontrado unos versos amenazantes, ocupa las primeras páginas de esta novela negra narrada con un dinámico y atrevido lenguaje cinematográfico. Sin embargo, el autor nos arrastra por un camino inesperado al describir los hechos desde la perspectiva del propio asesino: un sociópata narcisista influenciado por la música más actual y por las grandes obras de la literatura universal. La evolución frenética de los acontecimientos desemboca en la intervención de uno de los especialistas más reconocidos en el comportamiento de los asesinos en serie. Este complejo triángulo emocional, unido a la intriga que envuelve al siniestro cómplice del asesino, hace que Memento mori se convierta en un profundo thriller de acción con banda sonora que atrapará al lector de principio a fin.

      5-     Guadalajara- El legado del vínculo inglés de Pablo Muñoz
En el año 2010 ¿qué secreto se esconde entre las intrincadas calles de una ciudad medieval? ¿Quién puede ansiar desesperadamente poseerlo? ¿Hasta dónde llegaría alguien para conseguirlo?  Héctor Luján, un hombre de negocios de mediana edad, vuelve tras muchos años a la ciudad medieval de Sigüenza con la intención de recuperar la casa familiar. Al hacerlo, desvelará un ancestral secreto, oculto desde épocas muy lejanas, y despertará a las fuerzas oscuras que lo han codiciado desde la antiguedad. A medida que desentraña el misterio, el protagonista irá cambiando la propia visión del mundo, y la percepción de las relaciones humanas. Su alma se transforma, como en un viaje de descubrimiento interior, que ya no le permitirá volver a ser la misma persona, convirtiéndolo en una persona más sensible, más humilde y más feliz.

       
6-     Soria- La galería de los susurros de Teresa Hernández
Existe un pasillo que no tiene principio ni fin en el que el pasado se confunde. Es un lugar inhóspito habitado por seres extraordinarios que ocultan leyendas; casi ninguna tiene trascendencia, pero todas forman parte de la historia, la que vivimos y la que se vivirá. 

       


     7-     Sevilla- La judía más hermosa de Fernando García Calderón
La historia de Susana de Susón,una judía sevillana en la convulsa España de los Reyes Católicos y en la intrigante Roma de los Borgia Susana de Susón, la más hermosa hembra de la Sevilla del siglo XV, es hija del acaudalado judío converso don Diego. Tan inocente como extravertida, pronto se tropezará con la Inquisición. Saldrá adelante con ingenio y bravura, en una existencia repleta de andanzas que la llevarán desde su ciudad natal hasta la Roma finales de siglo, la del pontificado de Alejandro VI, el poderoso papa Borgia. En La judía más hermosa, Fernando García Calderón se apropia de una de las leyendas hispalenses más populares para dar vida a un personaje que escapa del oscurantismo y sumisiones del Medievo para ganarse, por derecho, el dominio de sus propios actos. Susana de Susón, la Susona cuyo recuerdo impregna el barrio sevillano de la Santa Cruz, es el Renacimiento hecho mujer. Fernando García Calderón nació en Sevilla en 1959. Estudió Ingeniería de Caminos y actualmente reside en Madrid. Es autor de decenas de relatos que han sido reconocidos en los más prestigiosos certámenes del género, y ha publicado hasta ahora dos volúmenes de cuentos: El mal de tu ausencia (2000) y Sedimentos en un pantano (2005). Con su primera novela El vuelo de los halcones en la noche (1997), ganó el premio Félix Urabayen, y El hombre más perseguido (Algaida, 1999) obtuvo el premio Ateneo de Valladolid. Con posterioridad ha publicado las novelas Lo que sé de ti (2002) y La noticia (Algaida, 2006).

       8-     Albacete- Bajo la fría luz de octubre de Eloy Cebrián
Maruja era muy pequeña cuando murió su abuela María, aunque ella sigue viéndola en su habitación contándole lo que va sucediendo. Tenía 7 años cuando echaron al rey para instaurar la República, lo que alegró a su padre, un hombre idealista muy interesado por la política. A medida que la situación política se iba deteriorando aparecieron señales del derrumbe que se avecinaba. La abuela se fue apagando y un día les dice a Maruja que ya se acerca. Y así es, la guerra estalla. Premio Jaén de Narrativa Infantil y Juvenil. 

        9-     Asturias- El ladrón de hortensias de Jesús González Fernández
En el hall de un pequeño hotel parisino, Fermín Abarca, veintitantos, y Sira Beauvoir, apenas quince, sucumben a un amor irremediable en el preciso instante en que sus miradas se tropiezan. Casi cuarenta años más tarde él se queda sin habla, sumiéndose en una mudez desconcertante que se prolonga durante casi un lustro. ¿Desamor?, ¿enfermedad?, ¿tedio?, ¿venganza?, estas y otras preguntas atormentan el alma de Sira hasta que una tarde bulliciosa de nieves descubre unos ojos desconocidos que la observan, y que terminarán abocándola a un enamoramiento no deseado. El ladrón de hortensias es una historia de amor, desamor, deseo, venganza y otras pasiones de gentes normales. Ambientada a mediados del siglo XX en París y Oviedo, a la que el autor llama Antigua, es una novela costumbrista, con pinceladas de humor y de realismo mágico, que evoca la vida de la época en una capital provinciana. Junto a sus dos personajes principales brillan con luz propia la abuela infinita, un ser centenario y medio demente que en la segunda parte del relato narra en primera persona sus recuerdos, y Ángela, la única hija del matrimonio, que es quien se encarga de desvelar en la parte final los enigmas últimos de la historia. Ambas confieren a la narración un atractivo al que el lector no puede escapar.

       10-  Ourense- El desorden que dejas de Carlos Montero

La novela premiada es un intenso thriller psicológico protagonizado y relatado
en primera persona por Raquel, una joven profesora de literatura en horas bajas que acepta una suplencia en un instituto de Novariz, el pueblo de donde, casualmente, procede su marido.
En su primer día de trabajo, la joven se entera de que Elvira, su predecesora, se ha suicidado y al finalizar las clases encuentra en su bolso una nota que dice: «¿Y tú cuánto vas a tardar en matarte?».
Decidida, Raquel intentará averiguar quién está detrás de esa amenaza, e inevitablemente se empezará a obsesionar con la antigua profesora.
¿Qué le ocurrió? ¿Qué la llevó a la depresión si los alumnos la adoraban? ¿Realmente se suicidó o alguien acabó con su vida? ¿Se está repitiendo el mismo patrón con ella? Y sobre todo, ¿por qué de repente algunos indicios apuntan al marido de Raquel?
Una novela que arranca como una historia de acoso a una profesora para convertirse enseguida en un thriller perverso y apasionante. Una disección de la debilidad humana. De la culpa. De la fragilidad de las relaciones. Y de las mentiras y secretos sobre las que montamos nuestras vidas sin calibrar ni ser conscientes de las consecuencias.

jueves, 31 de agosto de 2017

Días de lluvia

Despidiendo Agosto con Lluvia

Hoy 31 de agosto es el último día del mes. Agosto se despide con agua. Aún estamos en verano, pero parece que al estar rozando septiembre, agosto quiere despedirse regando a todo el mundo. A pesar de que nos ha regalado días de Sol, días de bochorno, días de calor, parece que se ha cansado de esos días, y ahora quiere regar los campos y no precisamente con café. Toca el turno a las lluvias, las tormentas y a las gotas que te van empapando poco a poco. A muchos no les afectará porque ya han regresado de sus vacaciones y de sus días de playa. A mí, aunque no haya hecho vacaciones, en ese sentido tampoco me afecta.  

No me gustan los días de lluvia. No soy a la única a la que no le gustan, ya que a Kenzie, mi perra guía, tampoco le gustan nada. Es una perra, pero parece una princesita. No le gusta mojarse. Si hay un charco, lo ideal sería que lo esquivase, para que ni ella, ni yo nos mojásemos, pero en muchas ocasiones lo que hace para evitar ese charco es dar un salto. No es un salto bestial, pero sí que es uno de esos que te sorprende y al ir yo agarrada del arnés,, si reacciono a tiempo también doy un salto, y si no, mientras ella se ha librado de empaparse sus patitas, yo acabo con los pies mojados. Entiendo que es bueno que llueva, que se rieguen los campos y cultivos, pero cuando no llueve y de repente cae una tormenta, granizo o aguaceros como los de hoy, tampoco creo que ayude mucho a los huertos ese tipo de agua. Nada en exceso es bueno, y cuando caen tormentas solamente cabe esperar que tras la tormenta llegue la calma.

Voy a enumerar doce razones de por qué no me gustan los días de lluvia: 

12 razones para que no me gusten los días de lluvia:

       1-     Guiar bajo la lluvia: Cuando llueve Kenzie guía mucho peor. Se arrima a las paredes como si no hubiera un mañana, para intentar mojarse lo menos posible. ¿Por qué se arrima más a los edificios? Porque la mayoría de ellos tienen balcones y hacen de paraguas para ella, y en su defecto para mí. Debería ser bueno ir tan arrimadas a los edificios, ya que no nos mojamos tanto, pero tiene grandes inconvenientes: toldos que sobresalen, puestos de fruta, y miles de obstáculos que, a pesar de la perrería que le entra a Kenzie por querer ir por esos lugares, tampoco llegó a comérmelos, pero sí que los rozamos, viviendo al límite.  Además va mucho más lenta. Y, sobre todo, una manía que no he podido quitarle de la cabeza en días de lluvia, es que me utiliza de toalla. Ella puede llevar un chubasquero, pero si se moja algo la cabeza, cuando entramos en un lugar seco, empieza a restregarse contra mis piernas, hasta que logra saciar su intranquilidad por ir algo mojada.  

     
dibujo de parajuas 2-     Sin paraguas: Ni Kenzie, ni yo vamos con paraguas. El paraguas es un estorbo, para las personas que no vemos, al menos para mí. Cuando llevaba bastón tampoco lo utilizaba. Más que una ayuda se convierte en un incordio. Hace que las dos manos, antes por el bastón y ahora por el arnés, acaben ocupadas. Así que, prefiero tener una mano libre por lo que pueda ocurrir, incluso para poder corregir a Kenzie con la correa. Así que, somos de chubasquero. Nos da mucha más libertad. Además, imaginaros que llevase un paraguas, por mucho que Kenzie me guíe hay personas que no se dan cuenta y el perímetro de un paraguas es más ancho, así que me iría chocando tanto con árboles, edificios y sobre todo personas.   



       3-     Malos humos: Cuando llueve las personas están más de mal humor, por haberse mojado, por el día de perros, por el frío, por el calor, por el simple de hecho de haber tenido que salir a la calle con lluvia. Sea por lo que sea la gente está más irascible. Los coches se convierten en verdadero peligro, porque se escuchan mucho más los cláxones, hay más atascos y más accidentes. 

          4-  Gremlins: Odio a las  personas que sí que son usuarias de paraguas y van bajo los tejadillos, lugar preferido de Kenzie para caminar bajo la lluvia. Encima pretenden que nosotras sin ver, sin paraguas y sin tener por qué  nos retiremos de su ruta. Les da igual que no veas, ellos no piensan dejarte pasar, no vaya a ser que les caiga una gota de agua y se conviertan en Gremlins. Encima son de esas personas que no tienen suficiente con arrollarte, encima sueltan bufidos y exclaman que por qué no miro por dónde voy. La última vez, ya dije que ya me gustaría ver por dónde voy. La gente no se fija y solamente quiere no mojarse, sin importarle nada, ni nadie.  
   
Gremlin bajo paraguas




       5-     Pies mojados: Si te mojas, como me sucede en más de una ocasión, a pesar del chubasquero, te quedas todo el día con mal cuerpo. Sobre todo si te mojas los pies y llevas calcetines, ya te quedas con los pies húmedos durante todo el día, sin posibilidad de cambiarte y con una sensación muy desagradable. Debería haber ropa específica para los días de lluvia. Sé que hay chubasqueros, botas de agua, pero toda esa parafernalia, a veces te hace sentir incomoda y encima parece que vayas disfrazada. Pero, yo soy de las que prefiere ir bien protegida, aunque no vaya divina de la muerte. Sin embargo, cuando las tormenta te pilla sin previo aviso, entonces es cuando acabamos como si hubiéramos estado debajo de una ducha, ya que no siempre llevamos el chubasquero, como no todo el mundo lleva el paraguas encima. Deberíamos llevarlo por si acaso, pero si empezamos con e por si acaso, deberíamos ir siempre cargados de multitud de cosas que no en realidad no utilizamos.  

        6-     No oigo: He comentado que no llevo paraguas, pero que utilizo chubasquero. Si me pongo el gorro que suele acompañar al chubasquero y que va bien para no acabar con todo el pelo empapado, hace que escuche mucho menos. Y si esos días son horrorosos por el sonido de la lluvia, los coches, y la gente que camina rápido, si a mi poco resto visual le resto uno de mis sentido más importantes, el oído, parece como que me quede huérfana de otro sentido, y te sientes más insegura, sobre todo a la hora de cruzar.  


relámpagos en el cielo      7-     Truenos y relámpagos: Si a las tormentas de verano le sumamos los truenos, ya es insoportable. Esos días son geniales para estar en casa, con una mantita, una peli y bien resguardada. Pero, si te pilla en la calle, solamente quieres llegar a casa. Aunque sinceramente, esté donde esté, siempre me han dado miedo los truenos con los antecedentes relámpagos. Parecen de peli de miedo. Cuando escuchas caer el trueno con fuerza, parece que el mundo se vaya a caer encima de ti, te asustas y sabes que no ha caído muy lejos con las consecuencias que eso conlleva. Y si ya sabéis que los petardos no me gustan por el estruendo que desprenden, imaginaros los truenos, que no pueden ser más escandalosos.  

       8-     Encerrados en casa: No puedes salir a la calle, ni a pasear, ni a tomar algo, ni por gusto. Si sales a la calle bajo la lluvia y sin paraguas, más bien es por necesidad. Por la simple necesidad de tener que desplazarte de un lugar a otro.  Recuerdo que en el cole cuando llovía era un aburrimiento bestial, porque no podíamos salir al patio. Nos teníamos que quedar encerrados, sin clase, pero sin tomar el aire. Eran días raros, sin patio, sin juegos, y con la lluvia como culpable.


      9-     Contenido sumergido en agua: Todo lo que llevas acaba empapado. Recuerdo que hubo una época, sobre todo cuando vivía en Dublín, que cada dos por tres caía un chaparrón, que llevaba el bolso con bolsas de plástico. Así todo lo que iba dentro del bolso iba protegido. Ahora no lo hago, a pesar de que llevo miles de bolsitas para Kenzie, pero no las llevo para proteger todo el contenido del bolso de la lluvia. 

      10-  A cámara lenta: El transporte público va mucho más lento, porque encuentra retenciones. Como he dicho, cuando llueve, y eso que no estoy hablando de nevar, parece que todo se ralentice. A pesar de que todo el mundo va lo más rápido posible, para evitar mojarse, parece que todo transcurra a cámara lenta. Incluso el metro que va bajo tierra y no tendría por qué estar afectado, en ocasiones va también más lento. Estaciones inundadas de agua. El suelo de cualquier transporte está más sucio, porque entre las pisadas y el agua que van dejando los paraguas, se forma otro tipo de terreno que ya no se puede ni denominar suelo. En esos días, y lo entiendo perfectamente, Kenzie no quiere tumbarse, como acostumbra a ir ella tranquilamente. Está impaciente por bajarse de ese suelo mojado, húmedo, pringoso y no se siente cómoda.  


       11-  Pelos, pelos y más pelos: Kenzie, por muy perra guía que sea, por muy princesa que sea, sigue siendo un can, es por ello que cuando se moja, como cualquier perro, sobre todo si son de los que sueltan pelos, como es mi  caso, suelta más pelo. Cantidad de pelaje que suelta cuando se empapa, por mucho que lleve el chubasquero, algo se moja la pobre, y como mecanismo de defensa, como nosotros nos quitamos el abrigo, ella se quita, se le cae mucho más el pelo.  
Kenzie atenta con chuvasquero



       12-  Olor a perro: Imagino que habréis escuchado la expresión: “Oler a perro mojado”, pues no se dice porque sí , si no que tiene una explicación. Un perro mojado, al igual que suelta más pelo, también hace más olor. No es muy agradable el olor que desprenden, y se debe a la acumulación de pelo húmedo que tienen, por mucho que lleve chubasquero, por mucho que después le des con una toalla, ese olor se le queda durante todo el día. Además si le oléis las patitas, las almohadillas, después de haber pisado por todas partes, incluidos charcos y aceras mojadas, barro, y demás se le quedan muy sucias. No sé si porque si se le quedan sucias, si por ahí tienen unas glándulas sudoríparas o cuál es la razón, pero huelen mucho. Esos días en que llegamos al trabajo cabreadas, por habernos mojados, haber esquivado a Gremlins, charcos, haber intuido que podía cruzar, y cuando llegas al destino con los calcetines empapados, tienes que quitarle el chubasquero calado, la secas y te das cuenta que durante todo el día va a estar de mal humor y con mal olor.   




domingo, 27 de agosto de 2017

NO TINC POR

NO TINC POR 

                                    


No tenim por. No tenemos miedo. No tenemos miedo a mostrar nuestros sentimientos, a salir a la calle, reivindicar la paz. No tenemos miedo a expresar nuestro dolor, nuestra impotencia, a rechazar el terrorismo. No tenemos miedo a manifestarnos, a estar unidos y desear un mundo mejor. No tenemos miedo a no querer tener miedo. 


     Ayer 26 de agosto fuimos a la manifestación No tinc Por. Una convocatoria realizada por el Gobierno de Cataluña, para que todos los ciudadanos pudiéramos salir a la calle y expresar nuestro dolor, en contra del terrorismo y a favor de la paz. El lema era No tinc Por/ No tengo miedo, éste surgió de forma espontánea por los ciudadanos que rompieron su dolor gritando esa frase el día después de los atentados sufridos en Cataluña. Por mucho que la gente estuviera destrozada, el grito de rabia y de mostrar que por mucho daño que hicieran seguiríamos con nuestras vidas, gritando que no teníamos miedo.

Mucho más que un lema…

No tinc por es mucho más que decir que no tenemos miedo. Miedo tenemos, pero es una manera de decir que no queremos tener miedo. No es un significado literal, tiene muchos. En primer lugar, demostrar que no tenemos miedo, que no dejaremos de salir a la calle, que seguiremos con nuestro  día a día. En segundo lugar, que no queremos tener miedo, aunque sí que nos dé pánico el terror que quieren sembrar estos energúmenos. En tercer lugar, gritar, desahogarnos y deshacer nuestra rabia con palabras, ya que es la mejor manera de vencer al miedo. Uniéndonos, saliendo a la calle todos juntos con un  mismo lema era la mejor manera de demostrar que no podrán con nosotros. Somos más y no nos hacen falta armas, ni violencia, el civismo y la unión nos pueden hacer más fuertes.

Suena a tópico, suena a idealista, a utopía, pero no podemos devolverles con la misma moneda. Violencia +  violencia es igual a: masacre, a guerra, a muertes, a destrucción. Si queremos la paz, la mejor forma de demostrarlo es de forma cívica y sacando toda nuestra artillería: las palabras, el diálogo, la solidaridad y el amor.

El único lema que se repetía durante toda la concentración fue: “No tinc por” daba igual que fueras catalán o no, todo el mundo aprendió a decir esa frase. Todos sabíamos que era un grito unánime, que significa mucho más que no tengo miedo. Esa frase iba sumada con tres golpes de manos, que decía mucho. Cuando había abucheos, silbidos o cualquier elemento que se salía de ese lema, yo levantaba aún más la voz, para acallar esos elementos discordantes que ni ton ni son aparecían en un escenario que no era el suyo. Me desgañité en más de una ocasión, porque me daba rabia, impotencia, que esa discordancia se colase en nuestra lucha. No quería que estropeasen una tarde que había hecho salir a la calle a ciudadanos que buscábamos desahogo, mostrar el duelo y el rechazo de los atentados. Seguro que muchos medios nacionales se quedaron con esos pitidos, abucheos y demás, para enseñar que los barceloneses salieron a la calle, para reivindicar otro tipo de asuntos que no vienen al caso. Me gustaría que no se quedasen con actos de unos pocos que quisieron ensuciar una marcha pacifista, la mayoría no estábamos para demostrar posiciones políticas, era algo apolítico, algo mundial. Cada día hay miles de muertes por culpa de esos yihadistas fanáticos que quieren destrozar el mundo, así que no era una lucha de unos barceloneses, de unos catalanes, ni españoles, era algo global. Sin embargo, habíamos salido a la calle barceloneses y gente de todo el mundo a Barcelona, porque nuestras calles habían sido manchadas de sangre por la sinrazón, con muertes, heridos y pánico. Hasta que no ocurre en tu ciudad, hasta que no ves que está tan cerca el terror no te afecta tanto. Sufres cuando oyes que ha habido un atentado en París, Bruselas, Kabul, pero no eres consciente del daño hasta que te pellizca más de cerca y ves que sucede en las calles por donde caminas diariamente. Somos así de egoístas, que hasta que no pasa cerca de ti, no lo padeces de la misma manera.


¿Política? No, gracias.

En la concentración de ayer sábado en Barcelona me sobraron algunas cosas, como las banderas, los pitidos y los abucheos. Se suponía que no era una manifestación política, sino a favor de la paz, la solidaridad y la unión, y en contra de los abucheos, el terrorismo y la violencia. Espero que por culpa de algunos no destrozasen la imagen de una multitud que en son de paz, de forma civilizada y tranquila quisimos salir a las calles de nuestra ciudad, Barcelona, para solidarizarnos con las víctimas, para estar con nuestra ciudad, para demostrar que no tenemos miedo y que estamos todos unidos. Da igual la ideología que tengas, ayer no era el momento para gritar que algunos quieren una independencia, otros no la quieren, otros quieren una bandera y otros otra. No era el día, no era el momento, de abuchear a políticos que habían querido venir a nuestra ciudad para apoyarnos, para estar a nuestro lado, para aportar su granito de arena. No era el día, da igual que opines de una manera u otra, da igual que no te guste cómo actúan algunos políticos, ellos no han cometido la masacre, ellos estaban allí para apoyar a una ciudad que llora a unos muertos, que ha sufrido el terror en primera línea y que podría haber sido incluso peor. Si han querido asistir a una concentración pacifista y estar ahí, bienvenido sea toda colaboración de unión y de apoyo. Todos unidos seremos más fuertes. Podrán gobernar mejor o peor, podremos estar de acuerdo o  no, pero no era el momento de demostrar tu opinión. Era el momento de reivindicar que queremos un mundo sin DAES, sin guerra, sin islamistas fanáticos que creen que matan por alguien y solamente matan por la sinrazón.

La manifestación

Llegamos con tiempo suficiente de poder elegir dónde colocarnos. La manifestación se supone que empezaba entre Diagonal y Paseo de Gracia, pero no había ninguna cabecera, al menos no la vimos. Nosotros nos bajamos en Paseo de Gracia, sin que el metro estuviera tan lleno como decían que iba a estar, quizás, porque como digo, fuimos con mucha antelación, para no encontrarnos con embudos de gente. Empezamos a caminar hacia arriba, pero cuando llegamos a Diagonal nos dimos cuenta que estaríamos muy lejos. No entiendo, porque si dicen que empiezan en un punto, después las principales personas y autoridades citadas para encabezar la concentración estaban a más de diez calles del punto de inicio. Entiendo que haya un perímetro de seguridad, para proteger a las autoridades, pero, ¿tanto? En ese sentido hubo un poco de descoordinación, ya que había gente desperdigada por todo paseo de gracia, sin que hubiera un orden, tampoco hubo caos, ni desorden, pero no sabíamos dónde empezaba. Así que fuimos cambiando de ubicación, primero nos quedamos por Diagonal, después fuimos bajando y después volvimos a subir, quedándonos ya en un punto fijo y siguiendo a paso lento a toda la marea humana que nos acompañaba. Venían ráfagas del lema y cuando llegaba a nuestra zona, como si de olas se tratasen, nosotros gritábamos al mismo tiempo: “No tinc por” y picábamos de manos. Hoy me siguen doliendo las manos de lo fuerte que me dí en algunos momentos en el que la rabia se apoderaba de mí y me quería hacer oír.

Eso sí, pensé que habría más control policial, que lo había en todas las calles, para que los coches no se colasen por las carreteras cortadas, y en todas las entradas de metro. Sin embargo, en medio de la concentración no vimos ningún cuerpo de seguridad, que no quiere decir que no lo hubiera, porque puede ser que fueran de paisano, para camuflarse entre la gente  y ver que todo transcurría sin complicaciones. Habían dicho que no llevásemos mochilas grandes, para que no fuera difícil el paso de las personas y facilitar la marcha. También pensé que lo hacían, por si a algún descerebrado se intentaba colar en nuestra caminata pacifista con una mochila cargada con malas intenciones, por eso pensé que habrían controles. No los hubo, aunque tampoco sé cómo hubiera sido posible hacerlos. No era en un recinto establecido dónde estábamos, sino que estábamos en las calles de Barcelona. No era solamente la carretera central cortada al tráfico la que estaba llena de gente, sino que los laterales también estaban con personas que ya no cabían en el centro.

Dicen que más de medio millón de ciudadanos salimos a la calle, en contra del terrorismo a favor de la paz. No sé cuántos éramos, pero sí que había bastante gente. Sin llegar al agobio, ya que podíamos caminar, de hecho pudimos llegar hasta la plaza Catalunya, final del recorrido. Aunque cuando llegamos, como no nos pusimos donde estaban las autoridades, y ellas llegaron enseguida, ya que hicieron mucho menos recorrido, todo había terminado. Pero, a pesar de que hacía una hora que habían finalizado los parlamentos y la música con los violinistas que interpretaron “El cant dels Ocells”, aún estábamos por ahí, dando palmas y lanzando lemas y sacudiendo carteles de paz. Éramos muchos así que no terminaba al llegar a un punto como la Plaza Cataluña, porque aún quedaba una marea humana por llegar, así que aún se seguía escuchando: aplausos y gritos de renuncia al terrrismo.

Recuerdo que me impresionó mucho más la manifestación de Miguel Ángel Blanco, quizás por la edad que tenía, por ser una de mis primeras manifestaciones, fuera por lo que fuese me dio la sensación que en aquella ocasión hubo más de medio millón de personas. Era otra época, pero nos concentrábamos por un mismo motivo: el terrorismo. Aquella vez era un terrorismo más cercano, que cada dos por tres atentaban ante cualquiera que no compartiera su ideología, ante inocentes, y, aunque éste sea un terrorismo más internacional no hay gran diferencia. El terrorismo como dice la palabra siembra terror y sufren inocentes, causando muertes. Si vencimos aquel terrorismo nacional que tantas muertes se llevó por delante, tenemos que conseguir erradicar éste. Sin miedo, saliendo a la calle, manifestándonos y haciendo todo lo posible, somos mayoría.

Emociones

Me emocionaron varias cosas durante la manifestación, pero una de ellas fue cuando  escuchamos unos aplausos y entre tanta gente no sabíamos por qué, hasta que nos acercamos, para ver qué aplaudían. Era un grupo de musulmanes que con carteles de: “I love Barcelona” “Barcelona contigo” y otros, no gritaban, imploraban que no eran culpables, que no eran terroristas. Esas palabras que salían del corazón me estremecieron, porque ellos no tienen culpa de nada. Simplemente son musulmanes, pero no por ello les convierte en terroristas. Los que cometen actos de ese tipo no son musulmanes, son fanáticos, enfermos que no entienden el Corán.  Esos musulmanes que vinieron a manifestarse como ciudadanos, barceloneses y pacifistas que son, no tienen nada que ver con el terrorismo. A ellos les da rabia que se les englobe, que les tengamos miedo, que los pongamos en el mismo saco, porque ellos también rechazan a esos fanáticos que destruyen su religión y destrozan el mundo con sus muertes.

Al principio, quietos, rodeados de personas que también habían querido estar ahí, y con el desconcierto de dónde empezaba, esperábamos movernos. Antes de iniciar nuestros pasos un clamo unánime empezó a oírse y entonces se me puso un nudo en la garganta, la piel de gallina y las lagrimas empezaron a asomar. Era bonito que todos hubiéramos salido a la calle, pero también era muy triste el motivo. Me da pena toda la gente inocente que ha muerto, que está herida, que tuvo que correr. Estábamos allí, porque habíamos sufrido en nuestra ciudad la barbarie. Me daba impotencia, rabia y pena estar ahí por ese motivo. Además escuchar miles de voces pidiendo lo mismo, sí, porque esa frase era una petición de paz.


Espero y deseo  que no tengamos que salir a la calle nunca más por un motivo semejante a este. Si salimos a la calle que sea para celebraciones y alegrías. No queremos estar de duelo, no queremos llorar más muertes, no queremos sufrir, no queremos tener miedo. 


lunes, 21 de agosto de 2017

Barcelona: sin palabras

Negro lazoSIN PALABRAS


No hay palabras para describir la masacre vivida el jueves en Barcelona. El terror se apoderó del corazón de la ciudad, haciendo añicos: ilusiones, sueños y vidas. A pocas horas de lo sucedido, a 100 km de la ciudad golpeada, Cambrils, en Tarragona, también sufrió un ataque terrorista. Todos estos actos, aunque horribles, repugnantes y tristes, podrían haber sido mucho más crueles de lo que ya fueron, si no hubiéramos tenido a profesionales que se jugaron la vida por los civiles, por los ciudadanos, por las personas.
 Está visto que en ningún sitio estamos a salvo, esta vez le ha tocado a Barcelona, mi ciudad a la que tanto quiero. No podemos quedarnos encerrados en casa, tenemos que demostrar que somos más, que no podrán destrozar nuestros días, que existe la gente buena, la solidaridad y que queremos la paz.



BARCELONA  


Barcelona y lazo negro

Aún estoy conmocionada, triste, impotente y sin palabras. El jueves día 17 de agosto, por la tarde, mi ciudad, Barcelona, fue golpeada por un atentado terrorista. Desde hace años parece que ninguna ciudad del mundo se libre de sufrir ataques terroristas, irracionales y que solamente busca el terror y la muerte de inocentes. Nadie está a salvo de nada, no es justo. Nada es justo. Cuando me enteré de lo sucedido, estaba en el trabajo, las noticias eran difusas y no sabíamos si era un atentado o un loco que quería sembrar el pánico. Sin embargo, fue un atentado reivindicado por Estado Islámico, aunque realmente fueron ambas cosas, unos terroristas del ISIS que estaban locos. Realmente todos aquellos que no quieren vivir en paz y quieren hacer daño lo están, porque realmente no ganan nada, absolutamente nada. Simplemente destrozan a cachitos vidas de civiles que no tienen culpa de nada: les ha tocado estar en el momento y el lugar equivocados. A veces el destino nos juega malas pasadas y hace que estemos justo en ese momento, que nos libremos porque a última hora hayamos cambiado de planes, que por A o por B estés o no estés allí, en el lugar que alguien elige para cometer la masacre, a veces no depende ni de ti, si no de las circunstancias.

Londres, París, Bruselas, Niza, entre otras muchas ciudades han sido abofeteadas por la oleada del terror sin sentido. Ahora nos ha tocado a nosotros, tan de cerca, en una ciudad abierta a todo el mundo, una ciudad tolerante, multicultural, donde la diversidad la hace rica  y sin complejos. Ahora esa Barcelona poderosa, la que acoge a millones de turistas y a otros que la eligen para quedarse y considerarla su propia ciudad, ha sido azotada por el horror. Desde los atentados de 2004 en Madrid, 11-M, España, a pesar de estar en alerta 4, no había resultado atacada por terroristas. Nunca pasa hasta que ocurre. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo?

A 72 horas de lo ocurrido en Las Ramblas de Barcelona y en Cambrils, Cataluña, muchos son los que aprovechan las circunstancias para politizar un hecho así. Si ya es triste la multitud de víctimas que hubo, tanto fallecidos como heridos, familiares y amigos asustados y, una ciudad con miedo, desconcierto, y triste, no es justo que los de siempre aprovechen las circunstancias para frenar los actos de solidaridad, de amor, de unión y de fuerza que se quiere demostrar al mundo. 

Después de los atentados sufridos en Barcelona, una vez más se demostró que hay gente buena, solidaria y que aún merece la pena vivir, porque no puede reinar la maldad. Muestras de cariño, de preocupación y de apoyo pude vivir en mi propia piel. Yo no estaba en el centro, pero sí que soy barcelonesa y resido en Barcelona, y desde que salió la noticia no paraba de recibir mensajes, preguntándome cómo estaba. Me impresionó la cantidad de mensajes que recibí. Además, también gente de otros países que se habían enterado de lo ocurrido se pusieron en contacto con nosotros, para saber nuestro estado. Actos así que, pueden resultar insignificantes, impresionan. Así que, si me emociona este tipo de detalles, aún más cuando me entero de que hubo personas que llevaron agua y comida a los conductores atrapados en la Ronda por los controles policiales, gente que prestó su hogar a quien no podía llegar, ciudadanos que acompañaron a otros para que no estuvieran solos, y así continúa una gran cadena de gestos que nos hace humanos y con humanidad. Ayer volví al lugar de los hechos, Las Ramblas, y me emocionó muchísimo que un sábado por la noche estuviera en silencio, con gente paseando, pero en un silencio que lo dice todo. No solamente se escuchaba el silencio, se olía a tristeza (velas  y rosas). Me leyeron algunos mensajes, carteles, post-its que acompañaban a esos altares improvisados. Era muy emotivo ver las muestras de cariño que extranjeros mostraban hacia las víctimas y nuestra ciudad. Muchos reivindicaban que no tenían miedo, que no les iban a parar, otros que volverían a Barcelona, y mensajes de paz.  
Mosaico en Ramblas con velas


Espero que no vivierais en primera persona lo acontecido el jueves en Barcelona en el lugar de los hechos, que no le haya tocado a alguien cercano. Sin embargo, aunque tuviéramos la suerte de no estar allí, aunque no conociéramos a nadie afectado, en realidad lo estamos todos. Cualquiera de nosotros podríamos haber estado en ese preciso momento pasando por allí. No es un lugar ajeno para nadie, todo el mundo conoce Las Ramblas de Barcelona, muy cerca a la Plaza Catalunya y que va hasta Colón. Todo el mundo, y no solamente para pasear, o para enseñar la ciudad a amigos o familiares, ha pasado alguna vez por allí. Justamente  el domingo Carlos, Kenzie y yo estuvimos paseando por el centro. No pasamos por Las Ramblas, porque había bastante gente y preferíamos callejear, para redescubrir nuestra ciudad. Pero, sí que tengo muchas anécdotas paseando por Las Ramblas, de hecho cuando he caminado por allí con Kenzie, mi perra guía, me las atravieso en un abrir y cerrar de ojos. Kenzie cuando ve muchas aglomeraciones las intenta evitar, más que nada porque si tiene gente delante ella no ve, y no puede guiarme con fluidez, así que ella va esquivando y si nos despistamos nos las acabamos enseguida. 

Las Ramblas con más de 500 años de historia en Barcelona las he visitado en multitud de ocasiones. Si venía alguien de fuera se la enseñábamos, nos parábamos con las estatuas humanas,  entrábamos en el colorido y animado mercado de La Boquería. En otras ocasiones hemos paseado por el simple gusto de sentirnos turistas en nuestra propia ciudad. Y en otras la hemos transitado por la noche, donde, a pesar de que los comercios están cerrados, se respira un ambiente festivo. También he pasado por allí solamente porque se tenía que pasar, sin darle importancia que estaba pasando por uno de los lugares más concurridos y turísticos del mundo. A veces las prisas y el día a día hace que no seas consciente de por dónde pisas, cruzas sin más porque te lleva a otra calle. De lo que no cabe duda, es que han atacado a unos ciudadanos del mundo, a una ciudad y un rincón muy simbólico de Barcelona. Las Ramblas han dejado de ser ese paseo alegre, para convertirse en un velatorio, donde las muestras de apoyo y cariño se hacen notar. No dejaremos de caminar por Las Ramblas, porque aunque pretendan sembrar el miedo, nosotros recogemos el fruto de la esperanza y el cariño. 

Cabe resaltar la gran labor de profesionales que lo dieron todo, algunos trabajando más horas de las que debían, para poder socorrer a todos los afectados en el atentado. Cuerpos de seguridad, sanitarios, bomberos, emergencias, taxistas, todos estuvieron más que a la atura de las circunstancias. Otros que sin ser profesionales del sector, simplemente fueron personas y dieron todo lo que pudieron, todo lo que estaban en sus manos y más, para calmar a quiénes no lo estaban, para tender una mano amiga. Muchos fueron a donar sangre, desbordando en pocas horas los bancos de los hospitales. La ciudadanía se volcó como nunca, demostrando que somos muchos, que no estamos solos y que podremos vencer a la barbarie.

A pesar de nuestra rabia, nuestro enfado, nuestra impotencia, tenemos que distinguir que quienes han hecho esto no eran musulmanes, eran yihadistas radicales, terroristas, fanáticos. No podemos meter a todos en el mismo saco, no todos los musulmanes son terroristas. Son una minoría que ensucian el nombre de su religión. Ellos también son víctimas, igual que nosotros de lo ocurrido, porque también son ciudadanos. En muchas ocasiones, incluso han nacido aquí. Aunque hayan nacido en otras partes del mundo, todos somos personas. No es justo que paguen justos por pecadores. Son unos pocos locos, fanáticos y sin escrúpulos que hacen su propia interpretación del Corán, de su religión. Musulmanes también han salido a la calle, con miedo, ellos también tienen miedo, porque también podrían haber estado en ese momento en ese lugar, porque ahora ven que les miramos con recelo, como si ellos nos fueran a hacer algo. Este tipo de actos nos tiene que unir, para demostrar que todos somos personas, que no nos podrán separar, y, ni mucho menos podrán  sembrar más miedo.

Todos unidos, todos somos Barcelona
El próximo sábado día 26 de agosto, el Ayuntamiento de Barcelona conjuntamente con la Generalitat ha convocado una manifestación encontra del terrorismo y a favor de la paz. Saldremos a las calles de Barcelona, tengamos miedo o no, para gritar que no lo tenemos, porque no queremos tenerlo. Estamos hartos de que inocentes suframos el fanatismo de unos pocos que quieren hacer daño, mucho daño. Cansados de muertes, de injusticias, de no estar tranquilos. Estés donde estés te puede tocar. Ellos no miran si eres de una religión u otra, de una raza u otra, simplemente quieren destrozar vidas, cotidianidad y tranquilidad. Por ello, tenemos que reponernos, aunque sea duro, y volver a hacer nuestras vidas.  Combatiremos su lucha, uniéndonos, solidarizándonos con todas las víctimas y lanzando un grito esperanzador de paz.

Una ciudad no se compone de monumentos, paseos y parques, sino que es un puzle y la pieza más importante son sus ciudadanos. Hagamos que la pieza más importante de Barcelona, nosotros, sus ciudadanos, bombeemos con más fuerza que nunca, siendo el corazón de la ciudad. A pesar del duro golpe, nos tenemos que levantar y reivindicar que no queremos actos de este tipo en ningún sitio, que estamos ahí y queremos la paz. Volvamos a ser el puzle de Barcelona, con todas sus piezas. El sábado 26 en Paseo de Gracia con Diagonal, bajo el lema: “No tenim por”/ “No tenemos miedo” saldremos a la calle, para demostrar que seguimos siendo Barcelona.  
Círculo símbolo paz




Paz paloma