BIENVENIDOS A LA MALETA DE PILI:

Una maleta cargada de ilusiones, aventuras, anécdotas, sorpresas, recuerdos y mucho más…







martes, 13 de junio de 2017

Ya tengo semáforos!

¡Ya tengo semáforos sonoros!


Hoy martes 13 de junio del 2017 es un gran día, porque parece que luchar, reivindicar, quejarse, insistir y persistir sirve para algo,  y por fin hoy he recibido sus frutos. Hoy la Avenida de Diagonal se ha activado y ha sonado cuando he cruzado. Casi no me lo podía creer. Siempre le doy al dispositivo que llevo colgado en el cuello, por si acaso ha llegado el día, y hoy ha sido ese día, en el que he ganado. He ganado: autonomía, seguridad y libertad, además de una sonrisa de oreja a oreja. 
 

MARTES 13 

    En España el martes 13 está considerado para los supersticiosos el día de la mala suerte. Sin embargo, para mí hoy martes 13 ha sido el día en el que la suerte se ha puesto a mi favor. Por fin, después de más de un año y medio solicitando al Ayuntamiento que pusieran semáforos sonoros, he conseguido que me hicieran caso y se pusieran las pilas. Desde hoy, si tenía un ápice de superstición con este día ha desaparecido por completo. 

LA LUCHA

Revisando todas las peticiones que he ido realizando he encontrado que empecé a solicitarlo el 28 de enero del 2016. Desde entonces,  continué solicitándolos a través de:
► - Teléfono del Civismo 900 226 226.
► - Realizando una recogida de firmas en el trabajo- con más de 1300 firmas-.  
► - Presentando instancias de forma personal.
► - Reivindicándolo en televisión (a partir del minuto 12).

 A través de diferentes redes sociales:
► - Twitter.
► - Facebook: con diferentes publicaciones que servían de desahogo.

Y a través de diferentes entradas en el blog:

Siempre que realizaba una petición al Ayuntamiento, ya fuera por la vía que fuese me contestaban que lo llevarían a cabo en próximas actuaciones. Pero, después de tener que cruzar por esa avenida tan transitada de vehículos de todo tipo, incluyendo tranvía y bicicletas, durante más de un año y dos veces al día obligatoriamente, para llegar a mi puesto de trabajo, hubo un momento que esa respuesta me hizo pensar que la actuación sería cuando me atropellasen o cuando ocurriera algo que les llamase la atención para actuar de una vez.  Sí, llegué a pensar que no se pondrían las pilas hasta que sucediera algún accidente.  
Llegaba al trabajo indignada, cabreada y con ansiedad, porque no es plato de buen gusto no saber si estás cruzando de forma segura o no, jugándotela cada día. En ocasiones, me han tenido que agarrar por la mochila, para que no fuera arrollada por el tranvía, en otras algún que otro grito para que me parase a tiempo, y en otras ocasiones me han pitado y esquivado coches. Me la he jugado, porque no siempre pasaba alguien a mi lado, quien lo hacía llevaba cascos, iba a lo suyo o me han ayudado de muy buen gusto, pero no siempre puedo depender de que alguien cruce esa avenida en el momento justo que debo hacerlo yo. 

La semana pasada tuve que volver a llamar al teléfono del civismo, para volver a solicitar un semáforo sonoro en mi barrio, y salió a la palestra el tema que más me preocupaba en ese momento: los famosos semáforos de la Avenida Diagonal. La señora que me atendió casi no daba crédito a lo que escuchaba, ella misma redactó un comunicado sobre mi situación, explicando todo lo que había realizado y la problemática con la que diariamente me encontraba. Siendo un cruce muy peligroso para todo el mundo, pero si no ves y no sabes cuándo debes cruzar es mucho más arriesgado cruzar. Además,  volvió a enviar la queja que justamente ese día había presentado sobre los semáforos de la Diagonal, argumentándolo un más , según me comentó al quejarme sobre la queja haría más efecto. También me instó a volver a llamar las veces que hiciera falta, si la respuesta no era óptima o si tardaban más de lo debido. A ella no se le ocurría qué más podía hacer, más de lo que ya había hecho. Simplemente me comentó que quizás ONCE, como organización que defiende los derechos de las personas con discapacidad visual podría ayudar, pero ya le dije que en su momento había hablado con ellos y me habían dicho que era un tema del Ayuntamiento de Barcelona.

No sé si gracias a esa señora que tanto se esmeró, si a tantas quejas, pero justamente al día siguiente recibí la siguiente contestación por parte del Ayuntamiento:

“Estimada ciudadana:



Respondemos a su comunicación recibida el 5 de junio de 2017 con código 7357FMX-02 sobre semáforos.


El de Diagonal, 177 está previsto instalarlo este mes de Junio.

Queremos agradecerle su comunicación, ya que consideramos que es muy importante que la ciudadanía participe y colabore activamente con el Ayuntamiento para mejorar los servicios municipales y la convivencia en la ciudad. Estamos a su disposición para futuras comunicaciones.

Cordialmente”


Sinceramente, después de tanto tiempo esperando no me lo creí, aunque algo dentro de mí sí que lo hizo, ya que era la primera vez  en todo este tiempo que me contestaban con una fecha en concreto, sin que fuera la típica respuesta de que se pondrían a ello en próximas actuaciones. Así que, dentro de mí algo de esperanza albergaba. De hecho, creo que nunca he perdido esa esperanza, porque si no, no le hubiera dado cada día al mando que activa los semáforos, si lo hacía era porque esperaba que algún día sonase.


EL GRAN DÍA 

Por fin, después de tanta espera ha llegado el gran día, el día en el que una vez más he apretado por apretar al dispositivo que activa los semáforos sonoros, pero esta vez con resultado. Cuando lo he escuchado he pensado que mis oídos me estaban jugando una mala pasada y lo que oía eran los semáforos de calles aledañas, esos que sí que suenan, pero que no están precisamente en una de las avenidas más conflictivas para cruzar de Barcelona. He esperado, y a la hora de cruzar la Avenida Diagonal ha empezado a sonar un pitido, el semáforo sonoro estaba en marcha y me anunciaba que estaba en verde para mí. Ha sonado como música celestial para mis oídos. Nada más cruzar la Diagonal con una sonrisa enorme y entrar por la puerta de mi edificio, casi que sin creérmelo aún, lo he anunciado. La chica de acceso, creo que ni me entendía, pero yo seguía diciendo que al fin el semáforo era sonoro, que ya lo habían puesto, que hoy lo habían colocado.

¡GRACIAS!

Desde aquí una vez más quiero agradecer a todas aquellas personas que han colaborado para que esto fuera posible. El Ayuntamiento ha actuado, pero no sé si lo hubiera hecho si no hubiera contado con todo el apoyo. Empezando por todos mis compañeros de trabajo que se sumaron a la causa, dejando su firma y la de familiares, para así solidarizarse conmigo y hacer que algún día pusieran el semáforo. Ese día ha llegado, y no solamente estoy agradecida a  todos los que firmaron, sino  a aquellos que llamaron también al teléfono del civismo, dejaron sus peticiones a través de la web, a quienes compartieron en redes sociales, a quienes gritaron con vídeos y comentarios su malestar con la situación, que era la mía, pero la hicieron suya. A todas aquellas personas que se preocupaban y me preguntaban mes sí y otro también cómo iba el tema. A todas las compañeras que han estado ahí esperando a que el semáforo estuviera verde y pudiera pasar, dándome el ok, para que cruzase con seguridad. A todos aquellos ciudadanos que me regalaron unos instantes, para cruzar junto a mí, o simplemente decirme si podía cruzar o no.
Me siento muy agradecida, porque todo el mundo se ha volcado con la causa.  Me siento muy contenta de estar rodeada de personas que ven que algo no es justo y te apoyan cueste lo que cueste.

Aún queda mucho por hacer, porque hay muchos semáforos que, desgraciadamente, aún no son para todos. Hay plataformas únicas que intentan modernizar una ciudad, pero lo único que consiguen es hacer que la ciudad no sea para todos y se convierta en una ciudad poco accesible. A veces, parece que estemos ante una ciudad que vive para el turista y no para el ciudadano de a pie. Sin embargo, aunque aún quede mucho por batallar, hoy hemos conseguido ganar.  Para algunos solamente pueden ser unos semáforos, algo de mobiliario urbano sin importancia, pero para mí era mucho más. Era ganar seguridad, autonomía, libertad y derechos. Creo que las personas  con discapacidad visual somos ciudadanos y pagamos nuestros impuestos, así pues necesitamos vivir en una ciudad que no sea para unos cuantos, sino que sea para todos. 




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